sábado, 20 de octubre de 2018

RICARDO MARGHEIM (Padre del P, Javier) ESTANCIA EN “CRISTO REY”


Cristo Rey está en penumbras

amanece en el Siambón;

los monjes en la capilla

están en oración.-



Edmundo, José, Marcelo y “Carlitos”

Luis, Gabriel, Juan y Oscar;

con Javier y “Juampi” son diez monjes

que forman la comunidad.-



Son disposiciones para ellos

la obediencia, el silencio, la humildad;

San Benito les dio las reglas

que deben respetar.-



Cada uno tiene un puesto

según lo dispone el Abad;

en silencio todo se cumple

¡Orantes siempre están!



Como empleados de la casa

Con diversas tareas están;

Marili, Soledad y María

el “Gringo” y German.-



Soy un huésped en la casa

que a este lugar ha llegado;

para visitar a un hijo

que es hijo y es hermano.-



Es un sitio como pocos

con mucho por disfrutar;

hay familia… hay compañía

hay amigos… y mucha paz.-



Es hoy un soleado día

que invita a caminar;

un cerro voy escalando

en un bosque natural.-



Paso la carpintería

dejo atrás el colmenar;

un suave murmullo de agua

me detengo a escuchar.-



El sol se esconde tras un cerro

y lo que comienza tiene un final;

mi estancia en el Siambón se termina

lo que me será difícil olvidar.-



Y ya me voy despidiendo

Monasterio “Cristo Rey”

miro al cielo y pregunto

¿Cuándo te volveré a ver?





                                                                                                            
                                                                                                              PARANA, ENTRE RIOS.-
                                                                                                                         SEPTIEMBRE 2018.-

sábado, 13 de octubre de 2018

ACATISTOS AL DULCISIMO JESUS (VIII)

DULCE JESÚS, RESURRECCIÓN Y VIDA GLORIOSA


(ARCABAS)



K. 8. Viéndote, Jesús, Dios misteriosamente encarnado, nosotros vivimos en el mundo sin ser del mundo y caminamos llenos de esperanza hacia tu Reino[1]. Si has bajado a la tierra es para subirnos a nosotros al cielo, por esto te cantamos[2]: Aleluya.

I.8. Tú estás plenamente presente en la tierra sin dejar de estar en el cielo. Jesús, ¡cuánto, voluntariamente, has sufrido por nosotros! Con tu muerte, has vencido a la muerte, y con tu resurrección, nos has dado la vida, y por esto nosotros te cantamos[3]:

Jesús, dulzura del corazón[4].

Jesús, vigor[5] del cuerpo[6].

Jesús, limpieza[7] del alma[8].

Jesús, vivacidad del espíritu[9].

Jesús, alegría de mi corazón[10].

Jesús, mi esperanza, mi única esperanza[11].

Jesús, alabanza excelsa, alabanza eterna[12].

Jesús, plenitud de mi alegría[13].

Jesús, mi único deseo, no me rechaces[14].

Jesús, mi Pastor, búscame[15].

Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí.



Juan 11.
1 Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. 2 María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. 3 Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo». 4 Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». 5 Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. 7 Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea». 8 Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿quieres volver allá?». 9 Jesús les respondió: «¿Acaso no son doce la horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él». 11 Después agregó: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo». 12 Sus discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se curará». 13 Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte. 14 Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, 15 y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo». 16 Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él». 17 Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro Días. 18 Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. 19 Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. 20 Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. 21 Marta dio a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22 Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas». 23 Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». 24 Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día». 25 Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: 26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». 27 Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo». 28 Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama». 29 Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro. 30 Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado. 31 Los Judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí. 32 María llegó adonde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». 33 Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, 34 preguntó: «¿Dónde lo pusieron?». Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás». 35 Y Jesús lloró. 36 Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!». 37 Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?». 38 Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, 39 y le dijo: «Quiten la piedra». Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto». 40 Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?». 41 Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste. 42 Yo sé que siempre me oyes, pero le he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». 43 Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!». 44 El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar». 45 Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él. 46 Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho. 47 Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos. 48 Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación». 49 Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes no comprenden nada. 50 ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?». 51 No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación, 52 y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos. 53 A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús. 54 Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos. 55 Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse. 56 Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: «¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?». 57 Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno conocía el lugar donde él se encontraba, lo hiciera saber para detenerlo.



  1. Oración completa de glorificación de Dios, acción de gracias, petición de perdón y súplica implorando los magníficos bienes celestiales.
  2. Relación personal del orante con el Señor: Jesús, Dios encarnado por nuestra salvación, dulzura, vivacidad, alegría del corazón (espíritu); limpieza, esplendor deseo, esperanza del alma (mente, conciencia); vigor, fortaleza, salud del cuerpo. Jesús es nuestro único deseo, nuestra vida. Vida plena de todo hombre y de todo el hombre: estado del hombre perfecto (cuerpo, alma y espíritu) que corresponde a la madurez de Cristo. Hombres, antes expulsados tristemente del Paraíso, caminan en la luz llenos de esperanza hacia el Reino-Gloria. Ocultos con Cristo, nuestra gloria, en Dios. Su Gozo es nuestro gozo, el gozo perfecto es permanecer en el amor (Jn 15, 9-37). Estar en el mundo sin ser del mundo (Cf. 1 Jn 2, 15-17; 4, 4-11; 5, 4-8).
  3. Misterio de Jesucristo: Encarnación-Kénosis (“has bajado a la tierra”) y Pascua-Théosis (“para subirnos a nosotros al cielo”), del deseo egoísta del pecado original (“seréis como dioses”) al don generoso de la Gracia (“voluntariamente, has sufrido por nosotros”). Su muerte vence la muerte, su resurrección da la vida. Paradoja de la humildad: descenso y ascenso, humillación  y glorificación.
  4. Icono narrativo de la resurrección de su amigo Lázaro (Jn 11). Enfermedad-muerte. Vida-Gloria de Dios. Marta y María, se invierten los roles. “Yo soy la resurrección y la vida”. Acción de gracias, glorificación de Dios y súplica. “Lázaro, sal fuera” (Cf. Jn 5, 25). Jesús es la resurrección y la vida ya desde ahora (la tierra), no hay que esperar a la resurrección del último día (el cielo).
  5. Textos bíblicos: Efesios 4, 1- 13; Colosenses 3, 1-10; 1 Juan 1, 1-10.

[1] Al contemplar un Dios prodigiosamente hecho hombre, apartémonos de este mundo y elevemos nuestra mente a las cosas de Dios (A), Al contemplar la extraña Encarnación de Dios, apartémonos de este mundo vano (B).
[2] Dios descendió sobre la tierra para elevar al Cielo a quienes cantamos (A), Para este fin Dios descendió a la Tierra; que El pueda elevar al Cielo a los que clamamos (B).
[3] Aun estando Él en la tierra nos dejó de estar en los Cielos. Eligió de manera voluntaria sufrir por nosotros y con Su muerte ha terminado con nuestra muerte. Con Su resurrección nos ha donado la vida a nosotros que Le cantamos (A), Totalmente presente con los que están abajo, sin estar separado de los que están arriba estaba el Incircunscripto, cuando voluntariamente sufrió por nosotros; por Su muerte destruyó, nuestra muerte, y por su Resurrección, otorgó la vida a los que cantamos palabras como éstas (B).
[4] De mi (B).
[5] Fortaleza (A).
[6] Fuerza de mi cuerpo (B).
[7] Esplendor (A).
[8] Luz de mi alma (B).
[9] Presteza de la (mi -B) mente (A).
[10] De la conciencia (A), Regocijo de mi conciencia (B).
[11] Esperanza verdadera (A), insuperable (B). Se agrega: Jesús, Memoria eterna (A), Remembranza eterna (B).
[12] Loa altísima (A), Alabanza exaltada (B).
[13] Gloria suprema (A), mi Gloria más sublime (B).
[14] Deseo nuestro, no nos abandones (A), mi Deseo, no me rechaces (B).
[15] Pastor nuestro, búscanos (A). Se agrega: Jesús, Salvador, sálvanos (A), mi Salvador, sálvame (B).

sábado, 6 de octubre de 2018

ACATISTOS AL DULCISIMO JESUS (VII)

DULCE JESÚS, CORDERO INMOLADO Y GLORIFICADO



 

K. 7. Queriendo revelar el misterio escondido desde los siglos, como un cordero mudo has sido inmolado, Jesús[1]. Siendo Dios, has resucitado de entre los muertos y has subido al cielo en la gloria[2]. Contigo, nosotros hemos resucitado, y te aclamamos[3]: Aleluya.

I.7.Ante nuestros ojos hiciste tu obra maravillosa cuando el Creador, nacido de la Virgen, se manifestó, resucitó de la tumba y se presentó corporalmente a los apóstoles que estaban con las puertas cerradas. Por esto, maravillados cantamos con fuerza[4]:

Jesús, Verbo incomprensible[5].

Jesús, Palabra impenetrable[6].

Jesús, poder inaccesible[7].

Jesús, sabiduría inconcebible[8].

Jesús, divinidad inmensa[9].

Jesús, Señor de todo el universo[10].

Jesús, soberanía infinita[11].

Jesús, fuerza estrepitosa[12].

Jesús, poder eterno[13].

Jesús, mi Creador, ten compasión de mí[14].

Jesús, Salvador, sálvame[15].



Juan 20, 19-31.
19 Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 20 Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. 21 Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» 22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. 23 Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan». 24 Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25 Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré». 26 Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». 27 Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». 28 Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío!. 29 Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!». 30 Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. 31 Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.



  1. Oración completa de glorificación de Dios, acción de gracias, petición de perdón y súplica implorando los magníficos bienes celestiales.
  2. Relación personal del orante con el Señor: Nuestra resurrección-ascensión (“contigo, nosotros hemos resucitado”). El bautismo es participación en su Misterio. Pascua: Salvación, Nueva Creación. Jesús: Salvador, Creador. Alabanza a Dios que utiliza un lenguaje que afirma y niega a la vez: via eminentiae (“queriendo revelar el misterio escondido desde los siglos”).
  3. Misterio de Jesucristo en su dimensión pascual: Jesús, es la Oveja muda, Cordero Pascual (Cf. Jn 1, 29.36; Ap 5,6; 7,17; 17, 7.9.14), que implica la Encarnación (“cuando el Creador nacido de la virgen, se manifestó”), Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión. “Señor mío y Dios mío”. “Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios”.
  4. Ícono narrativo de la aparición del Resucitado (Jn 20, 19-31). Paralelo entre: a) nacimiento virginal-apareció, b) resurrección de la tumba-se levantó, c) aparición con las puertas cerradas-entró. En los tres casos las puertas estaban cerradas. Aparición (con su cuerpo, heridas de las manos y costado) a los discípulos para darles el Espíritu Santo.
  5. Textos bíblicos: 1 Timoteo 3, 16; Hechos 1, 3-11; 8, 26-39.

[1] Al desear develar el misterio vedado (escondido – B) por todos los tiempos (siglos – B), fuiste conducido como un cordero (oveja – B) para ser sacrificado, Oh Jesús (A), como una oveja muda ante el trasquilador (B).
[2] Pero como Dios has resucitado (Te levantaste – B) de entre los muertos y has ascendido gloriosamente a los cielos (A).
[3] Y (junto contigo – B) nos elevas (levantaste – B) a nosotros, que te aclamamos (A),…los que clamamos (B).
[4] Haciéndote presente como criatura, Te revelaste como nuestro Creador. Concebido sin intervención humana de una Virgen, resucitaste del sepulcro sin romper los precintos y entraste con Tu cuerpo, allí donde estaban loa Apóstoles a puertas cerradas. Frente a todos, maravillados, Te cantamos (A), Nueva fue la Creación que nos reveló el Creador cuando El apareció, pues, sin simiente tomó carne de una Virgen y se levantó de la tumba; sin romper el sello de ambas y con su cuerpo, entró hasta los Apóstoles mientras las puertas estaban cerradas. Así, maravillosamente ante esto cantamos (B).
[5] Palabra innominable (A), incontenible (B).
[6] Inestimable (A), Inteligencia insondable (B).
[7] Fuerza inalcanzable (A), Poder incomprensible (B).
[8] Impensable (A), inconmensurable (B).
[9] Indescriptible (A), irrepresentable (B).
[10] Potencia incalculable (A), Dominio ilimitado (B). Se agrega: Jesús, reino invencible (A-B).
[11] Interminable (B). Se agrega: Jesús, Señorío inimitable (A).
[12] Altísima (A), sublime (B).
[13] Potencia eterna (A), Autoridad eterna (B).
[14] Creador nuestro, sé benevolente (A), fórmame de nuevo (B).
[15] Nuestro, sálvanos (A). Se agrega: Jesús, Hijo de Dios: ten piedad de nosotros (A), ten piedad de mi (B).

sábado, 29 de septiembre de 2018

ACATISTOS AL DULCISIMO JESUS (VI)

DULCE JESÚS, MEDICO HERIDO Y LUZ DEL MUNDO
 


K. 6. Llevando a cumplimiento el mensaje de los profetas inspirados por Dios, viniste al mundo, Jesús[1]. Quisiste habitar entre nosotros. Tú, el Infinito, tuviste compasión de nuestra enfermedad. Porque, nos sanaste por tus heridas[2]; nosotros hemos aprendido a cantar: Aleluya.

I.6. La luz de tu Verdad se levantó sobre el universo entero y la mentira fue rechazada: los ídolos, Señor, no soportaron tu poder y cayeron[3]. Y nosotros que recibimos la salvación de Ti, te cantamos:

Jesús, Verdad que rechaza la mentira[4].

Jesús, luz que no decae[5].

Jesús, tan grande en tu poder infinito[6].

Jesús, Dios inquebrantable en tu compasión[7].

Jesús, Pan de vida, sáciame, que tengo hambre[8].

Jesús, fuente de la inteligencia, sáciame que tengo sed[9].

Jesús, vestido de gloria, envuélveme, que soy corruptible[10].

Jesús, manto de alegría, recúbreme, que soy indigno[11].

Jesús, que das a quien pide, concédeme llorar mis pecados[12].

Jesús, que abres a quien golpea, abre a mi pobre corazón[13].

Jesús, Redentor de los pecadores, purifícame de mi pecado[14].

Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí.

Juan 9.
1 Al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?». 3 «Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. 4 Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. 5 Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo» 6 Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, 7 diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. 8 Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: «¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?». 9 Unos opinaban: «Es el mismo». «No, respondían otros, es uno que se le parece». El decía: «Soy realmente yo». 10 Ellos le dijeron: «¿Cómo se te han abierto los ojos?». 11 El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: «Ve a lavarte a Siloé». Yo fui, me lavé y vi». 12 Ellos le preguntaron: «¿Dónde está?». El respondió: «No lo sé». 13 El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. 14 Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. 15 Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo». 16 Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?». Y se produjo una división entre ellos. 17 Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?». El hombre respondió: «Es un profeta». 18 Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres 19 y les preguntaron: «¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». 20 Sus padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, 21 pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta». 22 Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. 23 Por esta razón dijeron: «Tiene bastante edad, pregúntenle a él». 24 Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». 25 «Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo». 26 Ellos le preguntaron: «¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?». 27 El les respondió: «Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?». 28 Ellos lo injuriaron y le dijeron: «¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! 29 Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de dónde es este». 30 El hombre les respondió: «Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. 31 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero si al que lo honra y cumple su voluntad. 32 Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. 33 Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada». 34 Ellos le respondieron: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?». Y lo echaron. 35 Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: «¿Crees en el Hijo del hombre?». 36 El respondió: «¿Quién es, Señor, para que crea en él?». 37 Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando». 38 Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él. 39 Después Jesús agregó: «He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven». 40 Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «¿Acaso también nosotros somos ciegos?». 41 Jesús les respondió: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: "Vemos", su pecado permanece».

  1. Oración completa de glorificación de Dios, acción de gracias, petición de perdón y súplica implorando los magníficos bienes celestiales.
  2. Relación personal del orante con el Señor. Jesús: médico compasivo. Orante: enfermo compungido. Jesús es el cumplimiento de las profecías-esperanzas (salud, redentor, que purifica) y de los deseos (Pan de vida para el hambriento, fuente de la inteligencia para el sediento, vestido de gloria y manto de alegría para el desnudo, que abre a quien golpea sin hogar, que da al que pide, y recompensa de los que buscan felicidad: seguridad, poder y afecto). El orante pide desde todas sus necesidades: corporales (“sáciame”), psicológicas (“envuélveme”) y espirituales (“purifícame”).
  3. Misterio de Jesucristo en su encarnación redentora: Encarnado (Infinito entre nosotros) y herido (Médico herido, Siervo sufriente). Asume la naturaleza humana en su estado original, sin desorden, la penetra y la deifica. “Nos sanaste por tus heridas”: reconocidas, aceptadas, asumidas, ofrecidas, resucitadas y abiertas, que no duelen cuando las tocan, sino que son ocasión de fe (Cf. Lc 20, 24-29).
  4. Ícono narrativo de la curación del ciego de nacimiento de Jn 9: Ciego que pide limosna (ceguera física) y fariseos en el templo (ceguera espiritual). Ceguera y pecado. Noche y día. Luz del mundo que no decae y Verdad (Cf. Jn 1, 4; 8, 12; 9, 5. 39; 14, 6) que rechaza la mentira y aleja el engaño diabólico. Poder infinito que vence a los ídolos (falsas imágenes de Dios construidas desde nuestras heridas no reconocidas para profundizarlas). Cura la ceguera haciendo barro con su saliva y poniéndolo sobre sus ojos y enviándolo a la piscina. “¿Crees en el Hijo del hombre?...Tú lo has visto: es el que te está hablando…Creo, Señor”. Por aceptar la luz de la Palabra es engendrado por Dios, llega a ser hijo de Dios.
  5. Textos bíblicos: Isaías 53, 1-12; Zacarías 13,1-9; 1 Pedro 2, 19-25; Juan 1, 1-18.

[1] Al cumplir con las palabras y los anuncios de los Profetas, mensajeros (portadores – B) de Dios, Tú apareciste en la tierra, Oh Jesús (A).
[2] Tú que eres incontenible habitaste entre los hombres. Así, sanados por obra de Tus heridas (A).
[3] Iluminaste el universo con la luz de Tu verdad, fue desterrada la maldad del diablo. Los ídolos no toleraron tu fuerza, Oh Salvador nuestro y cayeron (A), Al brillar la luz de Tu verdad en el mundo, fue alejado el engaño diabólico; pues los ídolos, oh Salvador nuestro, han caído, incapaces de soportar Tu poder (B).
[4] Que destruyes las ficciones diabólicas (A), que disipa la falsedad (B).
[5] Que supera todas las otras luces (A), que trasciende toda luz (B).
[6] Rey, que sobrepasa todas las fuerzas (A), todo en fuerza (B).
[7] Que siempre eres misericordioso (A), constante en misericordia (B).
[8] Sacia nuestra hambre (A), sáciame que estoy hambriento (B).
[9] De conocimiento, refréscanos que estamos sedientos (A), manantial de conocimiento, refréscame que estoy sediento (B).
[10] Hábito de gloria, vístenos que estamos desnudos (A), vestidura de alegría, vísteme que estoy desnudo (B).
[11] Cúbrenos (A), Puerto de gozo, resguárdame que soy indigno (B).
[12] Danos aflicción por nuestros pecados (A), Dador de aquellos que piden, concédeme llorar por mis pecados (B). Se agrega: Jesús, recompensa de los que buscan, encuentra nuestra alma (A), Encuentro de los que buscan, encuentra mi alma (B).
[13] Que iluminas a aquellos que buscan, abre nuestro endurecido corazón (A), que abres a los que tocan, abre mi corazón endurecido (B).
[14] Purifica nuestras iniquidades (A), borra mis pecados (B).