miércoles, 11 de marzo de 2020

SAN DOROTEO DE GAZA (Siglo VI), CONFERENCIA 15: LOS SANTOS AYUNOS (LA CUARESMA) (Segunda parte)



163. Cuando estaba en el monasterio (del abad Séridos), fui un día a ver a uno de los Ancianos (pues allí había muchos grandes Ancianos) y encontré al hermano encargado de servirlo comiendo con él. Entonces le dije aparte: “Hermano, tú sabes que esos Ancianos que ves comer y que tienen un poco de solaz, son como los hombres que han adquirido una bolsa y que no han cesado de trabajar y de llenarla (de dinero) hasta colmarla. Después de haberla cerrado, han seguido trabajando y obtuvieron todavía mil piezas más, para poder entregar en caso de necesidad, siempre guardando lo que se encontraba en la bolsa. De esta manera, estos Ancianos no han cesado de trabajar y adquirir tesoros. Después de haberlos guardado han seguido ganando algunos más, los cuales podrían entregar en caso de enfermedad o de vejez, siempre conservando sus tesoros. Pero nosotros que todavía no hemos llenado la bolsa ¿cómo es que hacemos donaciones?”. Este es el motivo por el cual debemos, tal como lo he dicho, juzgarnos indignos de toda concesión, aunque la tomemos por necesidad, e indignos de la vida monástica, y tomar, no sin temor, lo que es necesario. De esta manera no será para nosotros motivo de condenación.

164. Todo esto referido a la temperancia del vientre. Pero no sólo debemos vigilar nuestro régimen alimenticio, debemos evitar también todo otro pecado, y ayunar también de la lengua como del vientre, absteniéndonos de la maledicencia, de la mentira, de la charlatanería, de las injurias, de la cólera, en una palabra de toda falta que se comete con la lengua. Asimismo debemos practicar el ayuno de los ojos, no mirando cosas vanas, evitando la libertad de la mirada que contempla a alguien con impudicia. También debemos prohibir toda mala acción a las manos y a los pies. Practicando de esta manera un ayuno agradable, como dice Basilio[1], absteniéndonos de todo mal que se pueda cometer con cualquiera de nuestros sentidos, nos acercaremos al santo día de la Resurrección renovados, purificados y dignos de participar en los santos Misterios, como ya lo hemos dicho. Saldremos enseguida al encuentro de Nuestro Señor y lo recibiremos con palmas y ramas de olivo, mientras que él hará su entrada en la ciudad santa, sentado sobre un asno (cfr. Mc 11,1-8; Jn 12, 13).

165. ¿Qué quiere decir: Sentado sobre un asno? El Señor se sentó sobre un asno a fin de que el alma, según el Profeta (cfr. Sal 48, 21), se abaje y se haga semejante a los animales sin razón y de esta manera sea convertida por él, el Verbo de Dios, y sometida a su divinidad. Y ¿qué significa salir a su encuentro con palmas y ramas de olivo? Cuando alguien sale a guerrear contra su enemigo y vuelve victorioso, todos los suyos salen a su encuentro con palmas para recibir al vencedor. En efecto, la palma es signo de la victoria. Por otra parte cuando alguien sufre una injusticia y quiere recurrir a quien lo pueda vengar, lleva ramas de olivo, pidiendo e implorando misericordia y auxilio, pues los olivos son un signo de la misericordia. Nosotros también iremos al encuentro de Cristo Nuestro Señor con palmas, como delante de un vencedor, pues él ha vencido al enemigo por nosotros; y con ramos de olivo, para implorar su misericordia, a fin de que, como ha vencido por nosotros, nosotros también, implorándole, salgamos victoriosos con él; y para que nos encontremos alzando emblemas de victoria en honor no sólo de la victoria que ha realizado por nosotros, sino también por la que nosotros vamos a tener por él, gracias a las oraciones de los santos. Amén.

[1] BASILIO MAGNO, De Jejunio Hom. II, 7, PG 31,196D.

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