domingo, 2 de agosto de 2015

HOMILÍA DEL ABAD BENITO EN EL DOMINGO XVIII DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO

Ex. 16,2-4.12-15; Ef 4,17.20-24; Jn 6,2435

“Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos”  Confesión terrible la de los israelitas; preferían la comida en esclavitud en Egipto a la libertad. En nuestra patria estamos en plena campaña electoral y nuestro pueblo está expuesto a las mismas tentaciones que los israelitas a la salida de Egipto: vender la libertad de decisión, vender el derecho de elegir libremente por un mísero bolsón. Culpable el que compra el bolsón al precio de su libertad; pero más culpable el que vende el bolsón al precio de su propia dignidad y de la dignidad del necesitado… Alguien en nuestra provincia puso un calificativo irrepetible a estos distribuidores de bolsones… Pero la tentación de vender la libertad no es solo para tiempos electorales… De muchas maneras nos ofrecen comprarnos la libertad y generalmente a precios muy viles… El ejemplo contrario es el de los mártires de nuestros días, como monseñor Romero en el Salvador y los que hoy mueren, que ofrecen su sangre su vida para salvar su libertad y la del pueblo, libertad que nos regaló Cristo.
Pero volvamos al texto del Éxodo. El Dios rico en misericordia y siempre fiel responde a la ingratitud del pueblo con un plus de generosidad y les da el maná, figura y anticipo del maná del evangelio de Juan, Jesús verdadero pan del cielo.
El domingo pasado escuchamos el relato de la multiplicación de los panes y hoy tenemos el comienzo del largo discurso sobre el pan de vida.
Jesús había multiplicado los panes y la gente que no entendió el signo quiso hacerlo rey así se aseguraba el alimento cotidiano sin preocupaciones y sin trabajo, el pan milagroso. Signo en el evangelio de Juan, Juan narra varios milagros como los Sinópticos, pero a diferencia de estos no los llama milagros sino signos. Porque el  hecho material tiene un significado profundo espiritual. Así cuando devuelve la vista a un ciego Jesús afirma:  ”Yo soy la luz del mundo”; cuando resucita a Lázaro “ yo soy la resurrección y la vida”
Jesús ahora les recrimina: “Ustedes me buscan porque les di pan…” Era el pan material; pero era signo del verdadero pan bajado del cielo. Comieron el pan material y volvieron a tener hambre- Como en el caso de la samaritana “el que beba de esta agua volverá a tener ser, pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá más sed”
Pero Jesús no se queda en el reto, les indica el camino de la superación: “Trabajen por el pan que lleva a la vida eterna”- ¿Qué obras tenemos que hacer?- La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que Él ha enviado. Ellos pretendían realizar su salvación mediante sus obras y Jesús les enseña que la salvación se concretiza creyendo y confiando en él que es el enviado del Padre. 
El signo del maná. Algunos creían que el Mesías iba a volver a mandar el maná del cielo. Pero Jesús les dice que el  verdadero maná, el pan de Dios es el que desciende del cielo y da la vida al mundo “Señor danos siempre de ese pan” La samaritana “Señor dame de esa agua” Ambos entendían la cosa materialmente, no captaban el signo.

Un posible examen de conciencia a raíz de la Liturgia de la Palabra de hoy: Nosotros y la Eucaristía, nosotros y nuestros hermanos.

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