domingo, 12 de abril de 2020

DOMINGO DE PASCUA


Ve rápido, María, reúne a mis discípulos.
Yo tengo en ti una trompeta de voz potente:
Suena un canto de paz
A las temerosas oídos de mis amigos ocultos,
Despiértalos a todos como de un sueño,
A fin que ellos vengan a mi encuentro
Y que alumbren como antorchas.
Ve a decirles: “El esposo se ha despertado, saliendo de la tumba,
Sin nada dejar dentro de la tumba.
Expulsad, Apóstoles, la tristeza mortal, pues se ha despertado,
Aquel que orece a los hombres caídos la resurrección”.

[Romanos le Mélode. Hymne XL, 12; S. Ch. 128, p.401]


viernes, 10 de abril de 2020

SABADO SANTO / TIEMPO DE PANDEMIA


Meditación:

Cuando la tempestad pase nos daremos cuenta en qué medida nuestra poca fe estaba cargada de insensatez. Y, no obstante, oh Señor, no podemos hacer otra cosa que sacudirte, Dios que estás en silencio y duermes, y gritarte: despierta, ¿no ves que naufragamos? Despierta, no dejes que dure eternamente la oscuridad del Sábado Santo, deja caer un rayo de Pascua también sobre nuestros días, acompáñanos cuando nos dirigimos desesperados hacia Emaús para que nuestro corazón se pueda encender con tu cercanía. Tú que has guiado en lo escondido los caminos de Israel para ser finalmente hombre con los hombres, no nos dejes en la oscuridad, no permitas que tu palabra se pierda en el gran derroche de palabras de estos tiempos. Señor, danos tu ayuda, porque sin ti naufragaremos.








Oración:

SEÑOR JESUCRISTO, EN LA OSCURIDAD DE LA MUERTE TÚ HAS DADO LUZ, EN EL ABISMO DE LA SOLEDAD MÁS PROFUNDA HABITA YA PARA SIEMPRE LA PROTECCIÓN PODEROSA DE TU AMOR; EN MEDIO DE TU OCULTACIÓN PODEMOS YA CANTAR EL ALELUYA DE LOS SALVADOS. CONCÉDENOS LA SENCILLEZ HUMILDE DE LA FE, QUE NO SE DEJE DESVIAR CUANDO TÚ NOS LLAMES EN LAS HORAS DE OSCURIDAD, DE ABANDONO, CUANDO TODO PAREZCA SER PROBLEMÁTICO: CONCÉDENOS, EN ESTE TIEMPO EN EL QUE SE COMBATE EN UNA LUCHA FEROZ EN TORNO A TI, LUZ SUFICIENTE PARA NO PERDERTE; LUZ SUFICIENTE PARA QUE PODAMOS DARLA A CUANTOS TIENEN AÚN NECESIDAD DE ELLA. HAZ BRILLAR EL MISTERIO DE TU ALEGRÍA PASCUAL, COMO AURORA DE LA MAÑANA, EN NUESTROS DÍAS; CONCÉDENOS PODER SER VERDADERAMENTE HOMBRES PASCUALES EN MEDIO DEL SÁBADO SANTO DE LA HISTORIA. CONCÉDENOS QUE A TRAVÉS DE LOS DÍAS LUMINOSOS Y OSCUROS DE ESTE TIEMPO PODAMOS ENCONTRARNOS SIEMPRE CON ÁNIMO ALEGRE EN CAMINO HACIA TU GLORIA FUTURA. AMÉN.



BENEDICTO XVI, LA MUERTE DE CRISTO.

lunes, 6 de abril de 2020

BENDICIÓN PARA ESTA SEMANA SANTA


Dígnate, Señor, bendecir esta familia tuya.
Que ninguno de ellos Te dé nunca un beso como Judas;
Que ninguno de ellos Te venda vilmente por el precio de treinta denarios;
Que ninguno de ellos como Pedro, el primero de los Doce, cometa apostasía o Te abandone como tus discípulos por miedo al mundo.
Sino que, imitando a Magdalena, temiendo tu esplendor, llenen tu casa con el nardo de sus plegarias;
Que iluminados por tu enseñanza, gusten sin condenación de tu Cena mística;
Que lleven tu Cruz con Simón de Cirene, para que, purificados por tu Sangre, entren, siguiendo al ladrón, en tu Reino;
Que te depositen, con José y Nicodemo, en sus corazones renovados, y velen con las mujeres que llevaban perfumes,  esperando la buena nueva de tu Resurrección.

(Bendición de los fieles antes de la Comunión tomada de una Liturgia Oriental)

miércoles, 25 de marzo de 2020

SAN DOROTEO DE GAZA: TEXTOS PARA UN TERAPIA DE LA LUJURIA (2°)


Las Cartas de Barsanufio y Juan a Dositeo o acerca de él[1].



“255.  Pregunta del mismo hermano al Gran Anciano: Me encuentro violentamente perseguido por la lujuria y corro el riesgo de verme llevado a la desesperación, no puedo incluso conservar la templanza debido a la flaqueza de mi cuerpo. Ruega por mí al Señor y dime qué es lo que debo hacer.

Respuesta:

Hermano, llevado por la envidia, el demonio ha desencadenado una guerra contra ti. Vela, pues, sobre tus ojos y no comas hasta saciarte. Toma un poco de vino en consideración a la flaqueza que confiesas. Adquiere humildad porque es por ella que se destruyen las redes del enemigo (Alfabética Antonio 7). En cuanto a mí, el último de los hombres, haré todo lo posible para rogar a Dios que te proteja de toda tentación y te guarde de todo mal.

No te dejes llevar, hermano, ni te entregues a la desesperación, porque en eso consiste el gran triunfo del demonio. Ora sin descanso diciendo: “Señor Jesucristo sálvame de las pasiones vergonzosas” y obtendrás la misericordia de Dios y recibirás así la fortaleza por las oraciones de los santos. Amén.



256. El mismo hermano acosado por la misma pasión de la lujuria suplicó al mismo Gran Anciano que rogara por él y que le dijera cómo se distingue si la tentación proviene de nuestro propio deseo o si proviene del enemigo.

Respuesta:

Hermano, sin trabajo arduo del corazón y sin contrición, nadie puede ser curado de sus pasiones y agradar a Dios. Luego, cuando alguien es tentado por su propia apetencia (Alfabética. Sisóes 44) es porque se ha descuidado y ha permitido que su corazón vuelva sobre hechos del pasado y entonces, por sí mismo, desata el impulso de su propio deseo; y poco a poco el espíritu cegado comienza a mirar a aquél por quien siente atracción, o a hablarle, y busca pretextos para hablarle o bien sentarse cerca suyo, y, por todos los medios llegar a satisfacer su inclinación. Por consiguiente, si permitimos que nuestro espíritu se entregue a esto, estamos alimentando la lucha hasta la caída, si no del cuerpo, por lo menos del espíritu en el consentimiento y sería como un hombre que enciende un fuego en el bosque. Por lo contrario, el hombre vigilante y sensato, que quiere ser salvado, viendo de dónde proviene el daño, se cuida con esmero de los malos pensamientos para no tener que enfrentarse con las pasiones mismas, evita una mirada, una conversación y cualquier otro pretexto, por el temor de encender el incendio en sí. Éste es el combate que se origina en la propia apetencia, o en realidad, en la libre voluntad.

En cuanto a la lucha que proviene del demonio, es así como se presenta: el corazón de aquel que quiere ser salvado teme recibir la semilla del enemigo y por esa razón se cuida con esmero de los malos pensamientos para no tener luego que combatir las pasiones y también lo hace con la mirada, las conversaciones y los pretextos. Incluso si necesita tratar un asunto con aquél por el cual siente apasionamiento, más vale que deje ese asunto para no perder el alma. Sé vigilante, hermano, eres mortal y efímero. No consientas, por un pequeño momento, perder tu alma. ¿Qué dejan la hediondez y la impureza del pecado más que vergüenza, oprobio y escándalo? La templanza, al contrario, te lleva a la victoria, la corona y la gloria. Refrena tu caballo por las riendas, temiendo que, al mirar aquí y allá, no brinque de deseo hacia las mujeres y, aún peor hacia los hombres, dando por tierra con jinete.

Ruega a Dios que aparte tus ojos para que no vean toda vanidad (Sal 118,37) y así tu corazón, habiendo adquirido virilidad, conseguirá que las luchas se alejen de ti. Sé áspero como el vino sobre la llaga y no dejarás aproximar la podredumbre y la impureza. Vístete de duelo para que te sea ajena la familiaridad que disipa las almas de quienes la ostentan. No eches jamás por tierra al instrumento sin el cual la tierra no produce fruto. Ese instrumento es la humildad que es puesta en acción por la grandeza de Dios y por la cual es arrancada de raíz toda cizaña en el campo del maestro, otorgando la gracia a aquél cuya vida es regida por ella. La humildad no decae, por el contrario, levanta de su caída a aquéllos que la poseen. Abrázate en cuerpo y alma al duelo, ya que está asociado a esta hermosa tarea. Esfuérzate por dominar tu voluntad en todo, pues esto te será reconocido como sacrificio. Y es lo que significa la palabra Por ti estamos todo el día al borde de la muerte, somos mirados como corderos a punto de ser inmolados (Sal 43,22) No te distraigas en conversaciones vanas que no te permitirán progresar hacia Dios. Atormenta violentamente tus sentidos, vista, oído, gusto, olfato y tacto y progresarás por la gracia de Cristo. Porque sin tormento no hay martirio y como dice el Señor: Es por vuestra resistencia que salvaréis vuestras almas (Lc 21, 19). El Apóstol dice asimismo: Con gran perseverancia en las tribulaciones, etc. (2 Co 6,4). Cuida de no exhibir a los Caldeos los tesoros de tu casa, porque de otro modo ellos te llevarán cautivo ante Nabucodonosor, rey de Babilonia (2 R 25). Pisotea las pasiones, medita siempre esta carta, para que no seas pisoteado por ellas y te opriman con su poder. Húyeles, como el cervatillo se aleja del lazo para no ser desollado como un corderito. No temas a tus enemigos, no tienen fuerza. Nuestro Señor Jesucristo les ha cortado los nervios y los ha hecho impotentes. Pero no te duermas, sólo están medio muertos, no están inertes. No seas indolente porque ellos no lo son. Tómate de la mano de tus Padres que quieren sacarte del fango fétido. Recuerda que la oración constante del justo puede obtener muchas cosas (St 5,16). No juzgues a nadie. No desprecies ni escandalices a nadie. No imputes a alguien lo que tú ignoras. Porque todo esto redunda en la pérdida de tu alma. Cuida de ti mismo y aguarda la muerte que viene. Repítete a ti mismo las palabras del bienaventurado Arsenio: Arsenio ¿por qué has salido del mundo? (Alfabética Arsenio 40). Toma conciencia de lo que has venido a buscar aquí. Corre hacia Jesús y atrápalo. Si anhelas ser salvado, ten los pies ágiles para encontrarte en ese coro bienaventurado de los santos Ancianos. Si quieres progresar trabaja. Busca estar entre los santos, revestido de la gloria inefable y no entre los sucios demonios, en el suplicio sin nombre. Aspira a estar en el reino de los cielos y no en la gehena del fuego. Aspira a oír: Venid benditos de mi Padre” (Mt 25,34) y: Está bien, servidor bueno y fiel (Mt 25, 21) en lugar de Aléjate de mí, maldito servidor, malo y perezoso (Mt 25, 26 y 41). La gloria del Señor sea por los siglos Amén”.


[1] Las Cartas de Barsanufio y Juan (+ 540) a Dositeo (+530) o acerca de él, pp. 266-270.