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miércoles, 1 de julio de 2020

Sobre Santa Gertrudis de Helfta (I) Patrona de nuestro ropero comunitario







Nuestro Ropero comunitario está bajo el patrocinio de Santa Gertrudis, para conocer más sobre ella y su “espiritualidad”.



“El descubrimiento de un Dios capaz de crear y honrar la libertad humana hasta las últimas consecuencias llevó a la teóloga del siglo XIII Gertrudis de Helfta, junto con sus hermanas del monasterio, a desarrollar una cristología (una teología sobre Jesucristo) alternativa a la cristología hegemónica de la Baja Edad Media. La teología dominante caracterizaba a Cristo Jesús como Pantocrátor, Dios Todopoderoso, Rey del Mundo. Esta imagen enfatizaba el poder de Cristo de gobernar y de imponer su ley a todas sus criaturas. Se le concebía a imagen y semejanza de un emperador, un Señor dominante y soberano que ejercía su autoridad suprema desde arriba.
Teniendo en cuenta esta imagen dominante resulta sorprendente que en la primera experiencia de Dios que tiene Gertrudis, Jesús se le aparezca como un joven de dieciséis años que interactúa con ella, una experimentada monja de veintiséis años que había vivido en el monasterio desde que tenía cinco, sin ningún tipo de atributo mayestático. A partir de esta primera experiencia, la comprensión que Gertrudis tiene de Jesús va creciendo en intimidad y Gertrudis empieza a desarrollar la idea de la vulnerabilidad de Dios sin abandonar la idea de su majestad o de su trascendencia. Es precisamente la simultaneidad de la trascendencia y la vulnerabilidad de Dios lo que se convierte en el nervio central de la teología de Gertrudis. A fin de captar adecuadamente este aspecto de su teología, es ilustrativo comparar la experiencia interior que describe en el capítulo VIII de su obra El heraldo del amor divino, con la que describe en el capítulo XIV. En ambas ocasiones, Gertrudis está participando en la eucaristía del domingo XV del tiempo litúrgico ordinario. En ambas ocasiones la experiencia se produce después de haber cantado la antífona propia del día: Sed mi protector. En su primera experiencia Jesús le ofrece su corazón como tierra prometida donde ella podrá encontrar reposo y protección: «Tocando durante la recitación de estos versos tu pecho bendito con tu venerable mano, me mostraste cuál era la tierra que tu generosidad infinita me prometía». En su segunda experiencia, los papeles se invierten de forma sorprendente y es Jesús quien busca reposo y protección en el corazón de Gertrudis: «Mediante las palabras del introito me diste a entender, oh objeto único de mi amor, que, agotado por las persecuciones y los ultrajes que tantas personas te infligen, buscabas mi corazón a fin de descansar en él. Así, cada vez que entré en mi corazón durante los siguientes tres días, te encontré en él acostado como una persona aquejada por un cansancio extremo». La experiencia de la vulnerabilidad y de la necesidad de Dios le es posible a Gertrudis a causa de la Encarnación, la más distintiva y peculiar de todas las creencias cristianas: Dios tomó carne, existió como ser humano en el tiempo y en el espacio en toda la plenitud de Dios. En el contexto del cristianismo primitivo esta idea les parecía simplemente absurda a los sabios, y a los que tenían fe religiosa les parecía ofensiva. Es probable que este siga siendo el caso hoy en día. La idea de Dios no se aviene con la idea de límite. Y sin embargo, los límites que el espacio y el tiempo nos imponen nunca constituyen en realidad obstáculos para la realización de nuestro potencial de amar (de nuestro potencial divino) en toda su plenitud. Tales límites representan en realidad la condición de posibilidad de nuestra libertad de la misma forma que el aire es condición de posibilidad para el vuelo de la paloma de Kant: «La ligera paloma, que siente la resistencia del aire que surca al volar libremente, podría imaginarse que volaría mucho mejor aún en un espacio vacío», escribió Kant en la Introducción de la Crítica de la razón pura.
Confianza, libertad, gozo, profundidad, intimidad, cuerpo, serenidad, luz, reposo, beso y dulzura son algunas de las palabras que reaparecen con más frecuencia en los escritos de Gertrudis. Expresan la forma en que Gertrudis experimentaba a Dios y cómo hablaba de Dios a los peregrinos que hacían cola en la puerta del monasterio para hablar con ella y con sus hermanas. El círculo teológico de Helfta es responsable de haber iniciado la tradición del «sagrado corazón» de Jesús, mas no concebida como una imagen edulcorada y superficial del amor, sino como un tomarse en serio la invitación de Dios a la amistad y a la intimidad con Ella. Gertrudis dejó atrás su búsqueda infantil de un Dios todopoderoso y controlador para descubrir que Dios era en realidad vulnerable, que Dios esperaba y que de hecho necesitaba el acto original de amor que solo ella podía hacer y que debía ser constantemente renovado. Gertrudis descubrió que Dios esperaba establecer una relación personal de amor con ella y con cada uno de nosotros. Esta impactante combinación de la majestad y la vulnerabilidad de Dios constituye el novum teológico introducido por las monjas de Helfta, un novum que se corresponde directamente con el mensaje del Evangelio. Gertrudis describió esta doble dimensión del amor único de Dios con la imagen de un corazón del que surgen dos rayos de luz: dorado para la divinidad, rosa para la humanidad (la carne). En la Encarnación, Dios ha experimentado lo que las nociones clásicas de Dios más rechazan, esto es, el cambio. Dios ha cambiado: ha adquirido un cuerpo que, por la resurrección, ha sido incorporado a Dios para toda la eternidad.
Las monjas de Helfta hablaron entre ellas de sus experiencias interiores y se ayudaron unas a otras a tomar en serio los retos que conllevaban, mas cada una las vivió en la soledad de la propia intimidad. Ellas descubrieron las profundidades de lo que el lenguaje moderno llama «subjetividad»; fueron verdaderas pioneras en el siglo XIII, del descubrimiento de la subjetividad y la libertad individual; anticiparon la devotio moderna y fueron transformadas por su experiencia de tal manera que adquirieron autoridad para inspirar a otras personas (varones y mujeres) en el camino hacia el gozo y la realización personal. Estas monjas son un ejemplo de liderazgo femenino que escapó del control patriarcal y se desarrolló de forma natural y sin cortapisas”.

Teresa Forcades i Vila, Fe y libertad, Herder, Barcelona, 2017, pp. 42-43.


viernes, 10 de abril de 2020

SABADO SANTO / TIEMPO DE PANDEMIA


Meditación:

Cuando la tempestad pase nos daremos cuenta en qué medida nuestra poca fe estaba cargada de insensatez. Y, no obstante, oh Señor, no podemos hacer otra cosa que sacudirte, Dios que estás en silencio y duermes, y gritarte: despierta, ¿no ves que naufragamos? Despierta, no dejes que dure eternamente la oscuridad del Sábado Santo, deja caer un rayo de Pascua también sobre nuestros días, acompáñanos cuando nos dirigimos desesperados hacia Emaús para que nuestro corazón se pueda encender con tu cercanía. Tú que has guiado en lo escondido los caminos de Israel para ser finalmente hombre con los hombres, no nos dejes en la oscuridad, no permitas que tu palabra se pierda en el gran derroche de palabras de estos tiempos. Señor, danos tu ayuda, porque sin ti naufragaremos.








Oración:

SEÑOR JESUCRISTO, EN LA OSCURIDAD DE LA MUERTE TÚ HAS DADO LUZ, EN EL ABISMO DE LA SOLEDAD MÁS PROFUNDA HABITA YA PARA SIEMPRE LA PROTECCIÓN PODEROSA DE TU AMOR; EN MEDIO DE TU OCULTACIÓN PODEMOS YA CANTAR EL ALELUYA DE LOS SALVADOS. CONCÉDENOS LA SENCILLEZ HUMILDE DE LA FE, QUE NO SE DEJE DESVIAR CUANDO TÚ NOS LLAMES EN LAS HORAS DE OSCURIDAD, DE ABANDONO, CUANDO TODO PAREZCA SER PROBLEMÁTICO: CONCÉDENOS, EN ESTE TIEMPO EN EL QUE SE COMBATE EN UNA LUCHA FEROZ EN TORNO A TI, LUZ SUFICIENTE PARA NO PERDERTE; LUZ SUFICIENTE PARA QUE PODAMOS DARLA A CUANTOS TIENEN AÚN NECESIDAD DE ELLA. HAZ BRILLAR EL MISTERIO DE TU ALEGRÍA PASCUAL, COMO AURORA DE LA MAÑANA, EN NUESTROS DÍAS; CONCÉDENOS PODER SER VERDADERAMENTE HOMBRES PASCUALES EN MEDIO DEL SÁBADO SANTO DE LA HISTORIA. CONCÉDENOS QUE A TRAVÉS DE LOS DÍAS LUMINOSOS Y OSCUROS DE ESTE TIEMPO PODAMOS ENCONTRARNOS SIEMPRE CON ÁNIMO ALEGRE EN CAMINO HACIA TU GLORIA FUTURA. AMÉN.



BENEDICTO XVI, LA MUERTE DE CRISTO.

sábado, 22 de junio de 2019

BASURA Y CULTURA DEL DESCARTE (UN GRAVE PROBLEMA TAMBIÉN EN NUESTRA ZONA DE EL SIAMBÓN. ¿QUÉ PODEMOS HACER?)


21. Hay que considerar también la contaminación producida por los residuos, incluyendo los desechos peligrosos presentes en distintos ambientes. Se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos domiciliarios y comerciales, residuos de demolición, residuos clínicos, electrónicos e industriales, residuos altamente tóxicos y radioactivos. La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería. En muchos lugares del planeta, los ancianos añoran los paisajes de otros tiempos, que ahora se ven inundados de basura. Tanto los residuos industriales como los productos químicos utilizados en las ciudades y en el agro pueden producir un efecto de bioacumulación en los organismos de los pobladores de zonas cercanas, que ocurre aun cuando el nivel de presencia de un elemento tóxico en un lugar sea bajo. Muchas veces se toman medidas sólo cuando se han producido efectos irreversibles para la salud de las personas. 
22. Estos problemas están íntimamente ligados a la cultura del descarte, que afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura. Advirtamos, por ejemplo, que la mayor parte del papel que se produce se desperdicia y no se recicla. Nos cuesta reconocer que el funcionamiento de los ecosistemas naturales es ejemplar: las plantas sintetizan nutrientes que alimentan a los herbívoros; estos a su vez alimentan a los seres carnívoros, que proporcionan importantes cantidades de residuos orgánicos, los cuales dan lugar a una nueva generación de vegetales. En cambio, el sistema industrial, al final del ciclo de producción y de consumo, no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar residuos y desechos. Todavía no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar. Abordar esta cuestión sería un modo de contrarrestar la cultura del descarte, que termina afectando al planeta entero, pero observamos que los avances en este sentido son todavía muy escasos.

Papa Francisco, Laudato si
24 de mayo de 2015.

sábado, 25 de mayo de 2019

PRIMER ENCUENTRO MONÁSTICO-CONTEMPLATIVO DE TUCUMÁN. EL SIAMBÓN 24 DE MAYO DE 2019

Participantes; Monjas Carmelitas de San Miguel de Tucumán, Monjas Dominicas de Concepción y Monjes Benedictinos de El Siambón.



La Instrucción La vida fraterna en comunidad, del 2 de febrero de 1994, dice:

“28. No hay que olvidar, por fin, que la paz y el gozo de estar juntos siguen siendo uno de los signos del Reino de Dios. La alegría de vivir, aun en medio de las dificultades del camino humano y espiritual y de las tristezas cotidianas, forma ya parte del Reino. Esta alegría es fruto del Espíritu y abarca la sencillez de la existencia, el tejido banal de lo cotidiano. Una fraternidad sin alegría es una fraternidad que se apaga. Muy pronto sus miembros se verán tentados de buscar en otra parte lo que no pueden encontrar en su casa. Una fraternidad donde abunda la alegría es un verdadero don de lo Alto a los hermanos que saben pedirlo y que saben aceptarse y se comprometen en la vida fraterna confiando en la acción del Espíritu. Se cumplen, de este modo, las palabras del salmo: ‘Ved qué delicia y qué hermosura es vivir los hermanos unidos...; ahí el Señor da la bendición y la vida para siempre’ (Sal 133,1-3), ‘porque, cuando viven juntos fraternalmente, se reúnen en la asamblea de la Iglesia, se sienten concordes en la caridad y en un solo querer’…”[1].
 



Y en la Constitución Apostólica Vultum Dei quaerere sobre la vida contemplativa femenina del 29 de junio de 2016, leemos:

“26. Vosotras, que habéis abrazado la vida monástica, recordad siempre que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo esperan de vosotras un testimonio de verdadera comunión fraterna que, en la sociedad marcada por divisiones y desigualdades, manifiesta con fuerza que es posible y bello vivir juntos (Cf. Sal 133,1), a pesar de las diferencias generacionales, de formación y, a veces, culturales. Que vuestras comunidades sean signos creíbles de que estas diferencias enriquecen la vida fraterna, lejos de ser un impedimento para vivirla. Recordad que unidad y comunión no significan uniformidad, y que se alimentan del diálogo, del compartir, de la ayuda recíproca y profunda humanidad, especialmente hacia los miembros más frágiles y necesitados”[2].


 


1. Ved[3] qué dulzura[4], qué delicia[5],

convivir[6] los hermanos unidos[7],

2. Es ungüento[8] precioso[9] en[10] la cabeza,

que va bajando[11] por[12] la barba,

que baja por la barba de Aarón,

hasta la franja[13] de su ornamento[14].

3. Es roció del Hermón que va bajando[15]

sobre el monte[16] Sión,

Porque allí manda[17] el Señor la bendición:

la vida para siempre.



Misa presidida por el Arzobispo Mons. Carlos Alberto Sánchez


“Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que eres un solo Dios pero no un Dios solo; que al crear al hombre a tu imagen y semejanza dijiste que no es bueno que estuviera solo; que creaste la Iglesia como ‘un pueblo reunido por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Lumen Gentium, 4); y que eres la fuente de todo amor, amistad y concordia en la convivencia humana: derrama sobre nosotros el ungüento precisos de tu unción y el rocío de tu amor, para que el gozo de la concordia en este mundo nos sea imagen, prenda y estímulo para avanzar hacia la caridad perfecta, que es la vida para siempre” (H. Raguer, “Salmo 132: La concordia es don de Dios”, p.131).



[1] Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, La Instr. La vida fraterna en comunidad. Congregavit nos in unum Christi amor 28, Paulinas, Bs. As., 1994, p. 33.
[2] Francisco, Constitución Apostólica Vultum Dei quaerere sobre la vida contemplativa femenina 26, w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_constitutions/documents/papa-francesco_costituzione-ap_20160629_vultum-dei-quaerere.html.
[3] Mirad.
[4] Bueno, paz.
[5] Dulce, deleitoso, grato, agradable, alegría.
[6] Habitar, estar.
[7] Todos juntos.
[8] Oleo perfumado.
[9] Fino, exquisito, fragante.
[10] Sobre.
[11] Desciende.
[12] Hasta.
[13] Orla, boca.
[14] Vestidura, vestido.
[15] Cae.
[16] Por las alturas, colinas de…
[17] Dispensa, derrama.

jueves, 25 de abril de 2019

PRESENTACION DE “VICTIMAS Y VICTIMARIOS” DE ANSELM GRÜN, OSB. EN SAN MIGUEL DE TUCUMÁN


Primero, agradecer a todos los que han hecho posible este primer encuentro en Tucumán, a Dios con su providencia, a las editoriales Ágape, Bonum, Claretiana, Guadalupe y San Pablo, a los que aportaron la oración, el trabajo, la organización, la difusión, la hospitalidad, y a Uds. por su presencia.

En el libro II de los Diálogos del Papa San Gregorio Magno, que narra la vida de San Benito, leemos:



“I. 6… Cierto presbítero que vivía lejos de allí, había preparado su comida para la fiesta de Pascua. El Señor se le apareció en una visión y le dijo: “Tú te estás preparando manjares deliciosos, y en tal lugar mi siervo se ve atormentado por el hambre”. En seguida el presbítero se levantó, y en la misma solemnidad de Pascua, se puso en marcha hacia aquel lugar con los alimentos que se había preparado. Buscando al hombre de Dios a través de montañas escarpadas, valles profundos y de las hondonadas de aquellas tierras, lo encontró escondido en la cueva. 7. Rezaron juntos y bendijeron al Señor omnipotente, se sentaron y después de agradables coloquios sobre la vida eterna, el presbítero que había ido le dijo: “Levántate y comamos, porque hoy es Pascua”. El hombre de Dios le respondió: “Sé que es Pascua, porque he merecido verte”. Es que, viviendo alejado de los hombres, ignoraba que aquel día era la solemnidad de la Pascua. El venerable presbítero siguió insistiendo: “Ciertamente, hoy es el día pascual de la resurrección del Señor. De ninguna manera te conviene seguir ayunando, ya que he sido enviado con el fin de que juntos comamos los dones del Señor omnipotente”. Bendiciendo entonces a Dios, tomaron el alimento. Y así, terminada la comida y la conversación, el presbítero regresó a su iglesia”.



“Hoy se cumple este pasaje… que acaban de oír” (Lc 4,21) Estamos en Pascua, el martes de la Octava de Pascua, y viene a visitarnos un presbítero, un monje presbítero con formación en teología, economía y psicología, que vive muy lejos de aquí en la Abadía alemana de Münsterschwarzach. El del relato no tiene nombre, él se llama Anselm, como el santo doctor benedictino, que tenía una fe que dilataba-purificaba su corazón, que buscaba entender y mantener abierto el misterio, él también tiene una fe madura que busca traducir el mensaje de Jesús a nuestro horizonte de comprensión.

En el cap. 35 de nuestra Regla se nos dice:



“Sírvanse los hermanos unos a otros, de tal modo que nadie se dispense del trabajo de la cocina, a no ser por enfermedad o por estar ocupado en un asunto de mucha utilidad, porque de ahí se adquiere el premio de una caridad muy grande… Si la comunidad es numerosa, el mayordomo sea dispensado de la cocina, como también los que, como ya dijimos, están ocupados en cosas de mayor utilidad. Los demás sírvanse unos a otros con caridad”.



Si bien, él fue, mayordomo-administrador de su monasterio y por lo tanto debió estar dispensado del trabajo de la cocina; como el presbítero del relato acostumbra preparar manjares deliciosos para sí, con mucha creatividad, utilizando siempre muy buenos ingredientes: la tradición monástica (Evagrio, Casiano, Benito), la mística renana (Maestro Eckhart, Taulero) y la psicología-psicoterapia contemporánea (Jung, Dürckheim, Drewermann), todo calentado al fuego del Espíritu. Él también escuchando la voz de Dios y siguiendo el carisma de su congregación monástico-misionera de Santa Otilia, sale a buscar a los hombres de Dios, sean católicos o no, en sus viajes, charlas y retiros, en sus encuentros de acompañamiento, para darles alimento, para ayudarlos en su experiencia espiritual y compartir los dones de Dios.

Pero, como suele pasar con la comida, no siempre es del gusto de todos, a algunos les sabe muy salada (los que compran su libros), a otros muy dulce (los que piensan en la “ortodoxia” de la moral y no los compran por las dudas, o en que son “libritos” de autoayuda) y a otros agridulce (los que experimentan al leerlos el desafío de repensar ciertas verdades y opiniones, o de enfrentarse sinceramente con los celos y la envidia). Esto no debe asombrarnos porque el maná, pan del cielo y alimento del peregrino en el desierto, para algunos era insípido y cansador, pero el sabio, que reconoce la obra de Dios, dice:



“…nutriste a tu pueblo con un alimento de ángeles, y sin que ellos se fatigaran, les enviaste desde el cielo un pan ya preparado, capaz de brindar todas las delicias y adaptado a todos los gustos. Y el sustento que les dabas manifestaba tu dulzura hacia tus hijos, porque, adaptándose al gusto del que lo comía, se transformaba según el deseo de cada uno” (Sab 16, 20-21).



Algunos hasta piensan en que se trata de un “pan bendito envenenado”, por el gnosticismo o pelagianismo de la New Age, como el del presbítero Florencio, pero eso es otra historia de nuestro Padre que otro día recordaremos, pero si rezamos y bendecimos el alimento, estamos atento al sentido de la fe, lo masticamos bien con la inteligencia, lo asimilamos con la voluntad y la afectividad, creo que, ni nos caerá mal y no nos engordará, sino que nos alimentará.

A mí, personalmente, desde el discernimiento, antes de entrar en la vida monástica, me gusta y disfruto de lo que él prepara, en el servicio de la autoridad, en la formación y en el acompañamiento espiritual suelo convidar algunos bocados, según el paladar de cada uno, de Una espiritualidad desde abajo, Nuestras propias sombras y La mitad de la vida como tarea espiritual. Y últimamente sus consideraciones sobre nuestro padre san Benito me son de mucha ayuda. Soy consciente de sus límites y por eso también de sus posibilidades, de su necesidad de complementación con otras lecturas y la conveniencia de otros condimentos. Creo que la clave es tener siempre clara la distinción entre los órdenes: físico, psicológico y espiritual, y como se relacionan en las personas concretas.

(Hoy viene a saciar nuestro hambre, hablándonos de Victimas y victimarios, un tema asociado a las heridas, esas heridas que porta el resucitado, heridas pascuales, sin dolor y sin rencor, aperturas a la fe y a la gracia, espacios de gloria. Él ha escrito en otra oportunidad:



“Aunque la herida espiritual es la más profunda de todas las heridas, no debemos permanecer en el rol de víctimas, porque entonces nos transformamos en victimarios y terminaremos tiranizando a los demás. El narcisismo espiritual refuerza mis heridas en lugar de sanarlas. Sólo podemos cortar ese círculo abandonando el papel de víctimas, adoptando una actitud activa frente al dolor. Imaginando, por ejemplo, que al levantar las palmas de mis manos sale a través de ellas la bendición hacia aquel que ha sido o es mi victimario. Esto requiere mucho valor, casi como el que tuvo Jesús crucificado al perdonar a sus asesinos. Pero este cambio de actitud me saca de la pasividad de la víctima y me permite transformar lo negativo en algo positivo. Al hacer esto me he levantado, me he erigido y lo puedo mirar con otros ojos”).



Como dice el relato con el que comenzamos, Padre Anselm sabemos que es Pascua porque has venido, porque hemos merecido verte y ahora escucharte. Muchas gracias.



Rmo. P. Pedro Edmundo Gómez, osb.
San Miguel de Tucumán, Martes de la Octava de Pascua 2019.




sábado, 5 de enero de 2019

ACATISTOS AL DULCÍSIMO JESUS (XI)

DULCE JESÚS, SALUD Y LUZ



 

K. 11. Te ofrezco, yo indigno, un himno lleno de ternura y de arrepentimiento. Como la cananea te llamo: “¡Jesús, ten piedad de mí!”. Cúrame, Jesús, a mí que te grito[1]: Aleluya.

I. 11. Pablo, que hasta aquel momento te perseguía, obedece al poder de la voz que lo ilumina del conocimiento divino y se convierte al instante. Así también Señor -Luz que ilumina a quien está en las tinieblas de la ignorancia- ilumina los ojos oscurecidos de mi alma que te invoca[2]:

Jesús, Dios invencible en tu fuerza[3].

Jesús, Señor omnipotente e inmortal[4].

Jesús, Creador resplandeciente de gloria[5].

Jesús, guía seguro[6].

Jesús, Pastor infatigable en tu ternura[7].

Jesús, Salvador muy compasivo[8].

Jesús, ilumina a mis sentidos cegados[9] por las pasiones.

Jesús, cúrame, que estoy desfigurado por el pecado[10].

Jesús, defiende mi corazón de los malos deseos[11].

Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí.

Mateo 15, 21-28, Hechos 9, 1-25.
Mateo 15, 21 Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. 22 Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». 23 Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos». 24 Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel». 25 Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!». 26 Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros». 27 Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!». 28 Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada. Cf. Marcos 7, 24-30.
Hechos 9, 1 Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres. 3 Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. 4 Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». 5 El preguntó: «¿Quién eres tú Señor?». «Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. 6 Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer». 7 Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. 8 Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. 9 Allí estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber. 10 Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: «¡Ananías!». El respondió: «Aquí estoy, Señor». 11 El Señor le dijo: «Ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. 12 El está orando y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista». 13 Ananías respondió: «Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén. 14 Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre». 15 El Señor le respondió: «Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. 16 Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre». 17 Ananías fue a la casa, le impuso las manos y le dijo: «Saulo, hermano mío, el Señor Jesús –el mismo que se te apareció en el camino– me envió a ti para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo». 18 En ese momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. 19 Después comió algo y recobró sus fuerzas. Saulo permaneció algunos días con los discípulos que vivían en Damasco, 20 y luego comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios. 21 Todos los que oían quedaban sorprendidos y decían: «¿No es este aquel mismo que perseguía en Jerusalén a los que invocan este Nombre, y que vino aquí para llevarlos presos ante los jefes de los sacerdotes?». 22 Pero Saulo, cada vez con más vigor, confundía a los judíos que vivían en Damasco, demostrándoles que Jesús es realmente el Mesías. 23 Al cabo de un tiempo, los judíos se pusieron de acuerdo para quitarle la vida, 24 pero Saulo se enteró de lo que tramaban contra él. Y como los judíos vigilaban noche y día las puertas de la ciudad, para matarlo, 25 sus discípulos lo tomaron durante la noche, y lo descolgaron por el muro, metido en un canasto. Cf. 22, 3-16; 26, 9-18.



  1. Oración completa de glorificación de Dios, acción de gracias, petición de perdón y súplica implorando los magníficos bienes celestiales.
  2. Relación personal del orante con el Señor. Los títulos de Jesús (ver: A, en notas al pie) precedidos del adjetivo posesivo mi, o nuestro. Orante: yo indigno, enfermo, ojos oscurecidos (cegados), desfigurado, atacado. Súplica: ilumina los sentidos (sentimientos) cegados por las pasiones, sana el cuerpo desfigurado por el pecado, y purifica la mente de los pensamientos vanos, protege (defiende, preserva) el corazón de los malos deseos. Grito e himno compungido, lleno de ternura y arrepentimiento.
  3. Misterio de Jesús: Médico y Salud. Hijo de David (Rey, Mesías) y Señor (Dueño, Pastor): “¡Que se cumpla tu deseo!”. Luz (Faro de luz), Señor, Maestro, que ilumina la “tiniebla (oscuridad) de la ignorancia” (“tenía los ojos abiertos, no veía nada”- “cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista”).
  4. A) Icono narrativo de la curación de la hija de la mujer cananea (Mt 15, 21-28; Cf. Marcos 7, 24-30). La hija enferma (“atormentada por un demonio”) es el “cuerpo poseído de pasiones perversas, de un furor acuciante - carne poseída violentamente por las pasiones e inquieta por la cólera”. Pedido con una fe grande, insistente e inteligente. B) Ícono narrativo de la conversión de Saulo-Pablo (Hechos 9, 1-25; Cf. 22, 3-16; 26, 9-18), conversión de la “furia de su alma”. Lucha espiritual contra las pasiones, facultades desordenadas, deseos desorientados y sentimientos ofuscados que ciegan.
  5. Textos bíblicos: Juan 8, 12-18.

[1] Un himno compungido Te ofrecemos (ofrezco – B), indignos, te imploramos (clamo – B) como la Cananea (cananita – B), Oh Jesús: ¡ten piedad de nosotros! No tengo una hija, pero sí un cuerpo poseído de pasiones perversas, de un furor acuciante (sino la carne poseída violentamente por las pasiones e inquieta por la cólera – B). Danos la sanación a quienes te invocamos (A).
[2] Oh brillante faro de luz que alumbra a los que están en las tinieblas (oscuridad - B) de la ignorancia. Pablo Te persiguió pero al ser iluminado por Tu luz y al percibir el poder de Tu voz (sabiamente – B) divina, la furia de su alma fue mitigada. De igual manera, ilumina los ojos de nuestra alma oscurecida cuando clamamos (A).
[3] Nuestro Rey fuerte (A), mi Rey supremamente poderoso (B).
[4] Nuestro Dios potente, nuestro Señor inmortal (A), mi Dios omnipotente, mi Señor inmortal (B).
[5] Nuestro Creador glorioso (A), gloriosísimo (B).
[6] Nuestro buen Maestro (A), mi Guía supremo en bondad (B).
[7] Nuestro Pastor generoso (A), mi Pastor compasivo (B). Se agrega: Jesús, nuestro Soberano benevolente (A), mi Amo rico en misericordia (B).
[8] Nuestro Salvador misericordioso (A), mi Salvador, Amigo del hombre (B).
[9] Nuestros sentimientos ofuscados (A), oscurecidos (B).
[10] Sana nuestro cuerpo penetrado por el pecado (A), sana mi cuerpo, herido por los pecados (B). Se agrega: Jesús, purifica nuestra mente (A), limpia mi mente (B), de los pensamientos vanos (A).
[11] Protege nuestro corazón de la avara maldad (A), preserva mi corazón de deseos malignos (B).