miércoles, 11 de marzo de 2015

Diadoco de Fótice, Antología de “Los Cien Capítulos”

El mal no está en la naturaleza, y nadie es malo por naturaleza, pues Dios no hizo nada
malvado. Cuando alguien, por su ambición, lleva al estado de forma aquello que carece de
sustancia, esto comienza a ser lo que su voluntad le hace ser. Es Importante entonces, en
una preocupación constante por el recuerdo de Dios, despreciar el hábito del mal, ya que la
naturaleza del bien es mucho más fuerte que el hábito del mal, puesto que una es, mientras
que la otra sólo tiene existencia en el acto.
* * *
El libre arbitrio consiste en la disposición de la voluntad razonable a moverse hacia su
objetivo. Persuadámosla, entonces, a no tener disposición más que hacia el bien, a fin de
destruir en todo momento, mediante los buenos pensamientos, el recuerdo del mal.
* * *
La ciencia es fruto de la oración y de una gran paz, unidas a una completa ausencia de
inquietud; la sabiduría es fruto de la humilde meditación sobre la palabra de Dios y, sobre
todo, de la gracia del dispensador, Cristo.
* * *
Reconoceremos entonces, sin riesgo de equivocación, la calidad de la palabra divina, cuando
nos consagramos, durante las horas en que no debemos hablar, a un silencio libre de
preocupaciones, acompañados por un ardiente recuerdo de Dios.
* * *
Escuchad el abismo de la fe y él alzará sus olas, consideradlo en una disposición de
simplicidad, eso es la alabanza. El abismo de la fe, el leteo donde se olvidan los pecados, no
tolera ser considerado por pensamientos indiscretos. Naveguemos en sus aguas con
simplicidad de espíritu y así arribaremos al puerto de la voluntad divina.
* * *
Purificándonos por una oración ardiente entraremos en posesión del objeto deseado;
gracias a Dios, con una experiencia más plena.
* * *
El combatiente debe en todo tiempo conservar quieta su inteligencia a fin de que el espíritu
pueda discernir los pensamientos que la sostienen, encerrar aquellos que son buenos y
enviados por Dios en los tesoros de la memoria y rechazar fuera de los depósitos de la
naturaleza los pensamientos funestos y demoníacos...
* * *
Muy raros son aquellos que conocen exactamente sus propias caídas y cuyo intelecto jamás
deja de embelesarse con el recuerdo de Dios...
* * *
Si su divinidad (la del Espíritu santo) no ilumina poderosamente los tesoros de nuestro
corazón, es imposible que podamos gozarlos con un sentimiento indecible, es decir, con una
total disposición.
* * *
El sentimiento es la captación segura, por el intelecto, del objeto discernido...
* * *
Cuando nuestro intelecto comienza a percibir el consuelo del Espíritu santo, entonces,
durante el reposo nocturno, en el momento en que tendemos hacia una especie de sueño
muy ligero, Satanás consuela al alma con un sentimiento de falsa dulzura. Si el intelecto se
encuentra vigorosamente fortalecido por un recuerdo ardiente del santo nombre del Señor
Jesús, y si hace de ese santo y glorioso nombre una arma contra la ilusión, el artesano de la
mentira se retira para emprender una guerra abierta contra el alma. El intelecto reconoce
entonces el fraude del maligno, sin tomar en cuenta que progresa, también, en la
experiencia del discernimiento.
* * *
El buen consuelo se produce, sea que el cuerpo vele, sea que se disponga a entrar en una
especie de sueño, cuando alguien adhiere, por así decir, al amor de Dios con un ardiente
recuerdo. El consuelo engañoso se produce siempre, ya lo he dicho, cuando el combatiente
es tomado por un ligero sueño sin tener más que un semirecuerdo de Dios. El primero,
siendo de Dios, viene, evidentemente, para un alivio profundo, para invitar al amor al alma
del combatiente de la devoción. El segundo, cuya naturaleza consiste en soplar sobre el
alma una brisa engañosa, intenta despojarla, a favor del sueño del cuerpo, de la experiencia
que vive aquel que conserva intacto el recuerdo de Dios.
Si el intelecto se encuentra, como he dicho, en un recuerdo atento del Señor Jesús,
armado de la gracia y de la fiereza que le da su experiencia, disipa esta brisa de falsa

dulzura del enemigo y, alegre, emprende el combate contra él.

domingo, 8 de marzo de 2015

HOMILÍA DEL ABAD BENITO EN EL TERCER DOMINGO DE CUARESMA


En este tercer domingo en el evangelio tenemos el relato de la purificación del templo y la expulsión de los mercaderes, según el evangelio de Juan. Los Sinópticos colocan este relato a continuación de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Además hay algunas otras variantes en la narración. Recordemos que los autores sagrados, en este caso los evangelistas, no pretenden enseñarnos historia, ¿qué y cómo pasó?, sino teología, verdades de salvación. Distinto el mensaje de este relato en los Sinópticos y en Juan; distinto no opuesto sino complementario.
            En Jn 1,29 Juan el Bautista presentaba a Jesús “Ahí está el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Luego viene el relato de las Bodas de  Caná, e inmediatamente después el evangelio de hoy: la purificación del templo. Hay una ilación entre las tres cosas. Jesús es el nuevo Cordero, el que quita el pecado del mundo, que hace inútiles todos los sacrificios de animales del AT. En las Bodas de Caná Jesús convierte el agua de las purificaciones rituales de los judíos en el vino nuevo de la Nueva Alianza; aquí se reemplaza el templo de piedras del AT por el nuevo templo: El cuerpo de Cristo.
            Las actividades en el templo, que con tanta vehemencia suprime Cristo, eran necesarias. Las monedas que manejaban sus paisanos sometidos al poder romano eran las monedas romanas que llevaban la imagen del emperador y que por lo tanto no podían entrar al lugar sagrado del templo: tenían que ser cambiadas por las monedas del templo. Los que venían de muy lejos no podían traer ovejas y bueyes para el sacrificio porque en el camino se les podían lastimar e hacerse indignos para ser sacrificados en el templo. Jesús con su gesto violento anuncia el final del culto del AT y el inicio del nuevo culto. Él es la  víctima sin mancha, su Cuerpo es el nuevo templo: “Destruyan este templo y yo en tres días lo voy a reconstruir” El antiguo templo era signo, prefiguración del nuevo templo, el Cuerpo de Cristo; presente el nuevo templo ya no tenía sentido el antiguo con todos sus sacrificios.
           El cuerpo de Cristo es el nuevo templo de la nueva alianza. Pero todos los bautizados formamos el cuerpo de Cristo, como nos enseña la carta a los Efesios y todos somos piedras del templo de Cristo, como también nos enseña la misma carta jugando con la doble imagen: cuerpo-templo.
            En Cristo todos los hombres tienen acceso al Padre. En Cristo, cada uno de nosotros tiene comunicación directa con el Padre. Pero, porque cada uno de nosotros, forma parte del cuerpo de Cristo, cada uno de nosotros es para todo hombre posibilidad de comunicación con el Padre, línea de contacto con el Padre.
            El templo del Antiguo Testamento, destruido en el año 70 por los romanos, ya no tiene razón de ser. ¿Y nuestros templos cristianos?... Solamente tienen razón de ser como “signos” del nuevo templo que es Cristo con nosotros. Signos que nos invitan a buscar lo que simbolizan y significan, signos que nos invitan a ser nosotros lugar en que nos encontramos con el Padre, lugar en el que posibilitamos el encuentro de la humanidad con el Padre.
Las piedras de esta bonita iglesia nos hablan, escuchémoslas…     


lunes, 2 de marzo de 2015

HORARIOS DE SEMANA SANTA 2015

SEMANA SANTA 2015 

29 DE MARZO DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR
10,00 Bendición de Ramos y Misa (Preside P. Marcelo)

2 DE ABRIL JUEVES SANTO 
19,00 Misa Vespertina de la Cena del Señor (Preside P. Edmundo)
 Adoración hasta las 24 horas.

3 DE ABRIL VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
10,00 VIA CRUCIS: empieza en la primera cruz frente al guarda-ganado del ingreso al monasterio y termina en la iglesia.
17,00 Celebración de la Pasión del Señor (Preside Abad Benito)

4 DE ABRIL SÁBADO SANTO
22,00 Solemne Vigilia Pascual (Preside Abad Benito)

 5 DE ABRIL DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
10,00 Misa (Preside P. José)

viernes, 27 de febrero de 2015

HOMILÍA DEL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA


Celebramos hoy el 1º domingo de cuaresma, nuestro camino hacia la Pascua, hacia una vida nueva.
La liturgia de la Palabra que nos propone la Iglesia se nos presenta como algo distinto. El libro del Génesis conjuntamente con la 1ª Carta de Pedro nos recuerdan nuestro fundamento, origen de la alianza recordada por medio del arco iris y la alianza con cada uno de nosotros por medio del bautismo. Se ve claro entonces que nadie se puede sentir excluido, sino que, muy por el contrario, se podrá llegara apreciar el punto eclesial: desenvolvimiento de todos en un único Cuerpo.
El evangelio recién proclamado –de sólo 4 versículos- nos presenta dos partes.
La1ª: Jesús enviado por el Espíritu al desierto para ser tentado. Vivía entre las bestias salvajes y los ángeles lo servían. No se nos habla del tipo de tentaciones, pero se da a entender que sale victorioso de las pruebas, y hay una convivencia perfecta con los animales, ejerciendo los ángeles su servicio. Hay orden y armonía. Se nos está presentando una nueva creación, un nuevo paraíso terrenal, en el que Jesucristo, nuevo Adán, vence las tentaciones que el viejo Adán no pudo, otorgando orden y armonía a la creación. Podemos pensar que sólo fue Jesucristo quien lo hizo posible, y así es, pero lo hizo en nuestra naturaleza para todos.
La 2ª parte nos muestra ya su acción pública, misión comenzada allá, pero que es continuada hoy, en el aquí y ahora de toda la Iglesia, de todos los cristianos. Veíamos al comienzo que las dos primeras lecturas hacían referencia a la alianza, al bautismo. Y nos podemos preguntar qué tiene que ver con el evangelio.
Justamente esta 2ª parte: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado. Convertíos y creed en el evangelio”[1] nos habla de otro modo del acostumbrado del bautismo, de nuestro bautismo.
Es interesante mencionar ahora esos otros modos de hablar; recordemos algunos pasajes:
         *La noche está muy avanzada y el día está cerca. Despojémonos, pues, de las obras de la tinieblas y vistámonos con las armas de la luz.[2]
         *Sois hijos de la luz e hijos del día. No somos hijos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino vigilemos y seamos sobrios.[3]
         *nos ha librado del poder de la tiniebla y nos ha trasladado al reino de su Hijo amado[4]
         *para convertirse de las tinieblas a la luz y del poder de Satanás a Dios.[5]
Parece un tanto tedioso y ocioso enumerar estas citas, pero no lo es.  Necesitamos verlas, tenerlas delante nuestro para apreciar bien lo que tenemos, el camino por dónde avanzamos, con quien vamos, qué cosas nos amenazan, a dónde queremos ir. Por nuestro bautismo nos levantamos como ejército al combate que se nos propone.
Nuestro premio: Cristo nuestra Pascua comunión con Dios.

P. Marcelo Maciel, osb.



[1] Mc. 1,15
[2] Rom. 13,12
[3] 1Tes. 5, 5-6
[4] Col. 1,13
[5] Hch. 26,18

lunes, 23 de febrero de 2015

HOMILÍA DEL ABAD BENITO EL MIÉRCOLES DE CENIZA 2015

Ilustración Ballester Peña

Según nuestro Padre San Benito, hoy empezamos a esperar la Pascua con la alegría del deseo espiritual.
Hoy se nos va a decir: Conviértete y cree en el Evangelio, en la buena noticia, en la alegre noticia. Conviértete; parecería que es una invitación a hacer nosotros el esfuerzo de convertirnos… Pero San Pablo mira desde un ángulo distinto; él con sus compañeros de apostolado, como embajadores de Cristo nos dice: “Les suplicamos, en nombre de Cristo, déjense reconciliar con Dios”. Convertirnos es, entonces, dejarnos justificar por Cristo a quien el Padre lo identificó con nuestro pecado para que nosotros quedáramos perdonados. Es el tiempo favorable, es el día de la salvación…
El profeta Joel ya nos había motivado a la vuelta a Dios, a la conversión; volvemos a Él porque es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en amor, y se arrepiente de sus amenazas. Dios al ofrecernos su perdón, la reconciliación, pone en juego su prestigio, el honor de su nombre; “¿por qué se ha de decir entre los pueblos: ¿dónde está su Dios?”
Dijimos, al principio, que para San Benito la cuaresma era tiempo de alegre espera; pero para él, es también tiempo de purificación: 
Lo cual cumpliremos dignamente si reprimimos todos los vicios y nos entregamos a la oración con lágrimas, a la lectura, a la compunción del corazón y a la abstinencia. Por eso durante estos días impongámonos alguna cosa más a la tarea normal de nuestra servidumbre: oraciones especiales, abstinencia en la comida y en la bebida, de suerte que cada uno, según su propia voluntad, ofrezca a Dios, con gozo del Espíritu Santo, algo por encima de la norma que se haya impuesto; es decir, que prive a su cuerpo algo de la comida, de la bebida, del sueño, de las conversaciones y bromas”.
San Benito nos habla de dos prácticas tradicionales en el judaísmo y asumidos por la iglesia: ayuno y oración. No habla de la limosna, la tercera práctica tradicional, seguramente porque esta no es competencia del monje sino del abad y el ecónomo. Jesús en el evangelio, que escuchamos, nos habla de las tres prácticas y nos da la gran advertencia: no hacerlas para figurar sino en secreto, a la vista del Padre que ve en lo secreto.
San Benito nos pide más tiempo de oración; más tiempo de Lectio Divina, pero sobre todo un plus en la calidad: lágrimas y compunción del corazón. Para los ayunos nos aconseja que no sea una decisión tomada “sin permiso del padre espiritual”…
¿Y la limosna?
Dijimos que la RB no la incluye entre las prácticas cuaresmales de los monjes; pero podemos hacernos algunas preguntas esclarecedoras. Para dar limosna la primera pregunta es ¿Qué necesita el otro?, la segunda es ¿tengo lo que él necesita?
No tenemos que reducir la posibilidad de limosna al dinero o cosas materiales… En mi comunidad, en mi familia, en mi parroquia, en mi barrio ¿qué necesidad hay? Que tengo yo para solucionar o al menos paliar esas necesidades… Puede haber gente necesitada de orientación, de consuelo, de una mano en algún trabajo…
Para la cantidad de esa ayuda Madre Teresa de Calcuta daba una medida: “hasta que duela”.

miércoles, 18 de febrero de 2015

MIÉRCOLES DE CENIZA, INICIO DE LA SANTA CUARESMA


La ascesis cristiana 
¿un modo de amar aquí y ahora?

La ascesis cristiana nunca ha sido un fin en sí misma, pero sí un medio, un método al servicio de la vida.
En el tiempo de los padres del desierto se imponían ayunos extremos; ahora el combate se ha desplazado; el hombre no tiene necesidad de un dolor suplementario. La mortificación actual será la liberación de toda necesidad de doping: rapidez, ruido, excitaciones, drogas, alcohol de las más variadas formas.
La ascesis será más un reposo impuesto, la disciplina de la calma y el silencio en el que el hombre reencuentra la facultad de detenerse para la oración y la contemplación, aún en el corazón de todos los ruidos del mundo, en subte, entre la gente, en las calles de la ciudad; pero sobre todo la facultad de escuchar la presencia de otros, los amigos de cada encuentro.
El ayuno, opuesto a la maceración que se inflige, será la renuncia gozosa a lo superfluo, su participación con los necesitados a un equilibrio natural en paz.
Más allá de la ascesis somática y psicológica de la edad media, se buscará la ascesis escatológica de los primeros siglos, este acto de fe que hacía estar al ser humano en atención expectante y gozosa de la Parusía, la espera no cronológica sino cualitativa que discierne lo último y lo único necesario pues, según el evangelio, el tiempo es corto y el Espíritu y la Esposa dicen ¡ven!
La ascesis así llegar a ser la atención a los llamados del evangelio, a la gama de las bienaventuranzas; ella buscará la humildad y la pureza de corazón, para liberar a su prójimo y restituirlo a Dios. En un mundo fatigado, dividido por los cuidados, viviendo en ritmos más y más acelerados, la tarea es de encontrar y vivir la infancia espiritual, la simplicidad evangélica del caminito que conduce a sentarse a la mesa de los pecadores, a bendecir y compartir el pan juntos…
Ninguna ascesis, privada de amor, nos aproxima a Dios.
La ascesis en la vida espiritual de hoy protege al espíritu de toda empresa que viene del mundo y preconiza vencer el mal por la creación del bien; así ella es nada más que un medio, una estrategia.
El hombre puede suscitar un ambiente mórbido, fantasmagórico dónde no ve más que mal y pecado. Pero la ascesis evangélica golpea por exceso –no de temor- sino de amor desbordante de ternura. San Doroteo de Gaza da una bella imagen de salvación bajo la forma de un círculo: en el centro está Dios y todos los hombres se encuentran en la circunferencia; más se aproximan al centro –a Dios-, más los rayos del círculo, el prójimo, se aproximan los unos a los otros. San Isaac dijo a su discípulo: “He aquí un mandamiento que te doy: que la misericordia conduzca siempre tu balanza, hasta el momento que sientas en ti mismo la misericordia que Dios lleva a ti y al mundo”

Paul Evdokimov

CONCIERTO DE MÚSICA DEL RENACIMIENTO EN EL MONASTERIO



El Maestro Daniel Robles, 
el día 14 de febrero a las 20, 00 hs., 
ejecutó en nuestra iglesia 
obras de autores españoles e ingleses del siglo XVI 
para laúd y vihuela