sábado, 11 de agosto de 2018

LA TERNURA FRATERNA


SALMO 133 (132)

1 ¡Qué bueno y agradable

es que los hermanos vivan unidos!

2 Es como el óleo perfumado sobre la cabeza,

que desciende por la barba

–la barba de Aarón–

hasta el borde de sus vestiduras

3 Es como el rocío del Hermón

que cae sobre las montañas de Sión.

Allí el Señor da su bendición,

la vida para siempre.



Oración:

Infunde en tu Iglesia, Señor, la caridad de la verdadera fraternidad y de la paz; y haz que, llenos del rocío de la unción espiritual, la gracia de tu bendición sea nuestro gozo.




ELREDO DE RIEVAULX[1]


Son hombres honrados (Eclo 44, 10). La palabra “hombre” significa la fuerza del alma y el buen celo que tienen “los hombre honrados” para castigar los pecados en ellos mismos y en los demás. Con esta fuerza de alma y con el buen celo, los santos pisotean los bienes de este mundo y aspiran a los del cielo, sin abatirse ante la adversidad ni exaltarse con la prosperidad. Este buen celo en algunos es celo malo y fuerza inicua. De ellos dice la Escritura: buscan ardientemente a Dios, aunque a ciegas (Rom 10, 2). Este celo que es “a ciegas”, es un celo malo, porque es indiscreto (...). En este tipo de personas la fuerza del alma no es una virtud, sino un vicio, y su celo es inicuo, ya que desprecian a los demás porque ellos son capaces de ayunar, de estar en vela y de rezar más que aquellos.

Imitan a Uzá, el cual, cuando los bueyes hicieron tambalear el arca del Señor, extendió la mano para sujetarla, pero el Señor lo hirió y murió al instante.

Leemos en el libro de los Reyes (1 Cro 13,7.9-10; 2 S 6, 3.6-7) que cuando David quiso llevar a Jerusalén el arca del Señor, encontrándose cerca de Cidón con los que le acompañaban, Uzá, que junto con sus hermanos, conducía el carro, sujetó el arca con la mano porque los bueyes la hicieron tambalearse. Entonces el Señor se encolerizó contra Uzá; lo hirió por haber tocado el arca con la mano, y allí mismo murió delante de Dios.

El arca de la alianza, que guardaba el maná, la vara de Aarón y las tablas de la ley, es símbolo de los superiores y pastores de la Iglesia, en los que debemos encontrar el maná del consuelo, la vara de la corrección y las tablas de la instrucción, por lo que tienen que ser doctos en uno y otro Testamento, de donde sacar de lo nuevo y de lo viejo (Cf. Mt 13, 52). Los bueyes simbolizan a los sujetos y a los subordinados, que a veces se encaminan por el sendero recto, sin desviarse ni a derecha ni a izquierda, pero otras veces se desplazan y a fuerza de hacer respingos provocan que el arca se incline. Uzá simboliza a aquellos que se sienten orgullosos de sus propias fuerzas, por lo que desprecian a los demás y no se ponen a la altura de los débiles mediante algún tipo de compasión.

El arca se tambalea cuando tropiezan los bueyes, pues el pastor prudente es misericordioso y piadoso para con aquellos que cometen faltas debido a la debilidad de la naturaleza, por lo que se adapta a todos acomodándose a lo que conviene a cada uno. Pues, en efecto, no se puede aplicar el mismo rigor de la disciplina a todos por igual, ya que así como tenemos caras distintas, también tenemos distintos y variados caracteres. A uno se le corrige con amenazas, a otro animándole, a éste hay que reprenderle con palabras, a aquél con la vara; a uno hay que castigarlo, otro debe mortificarse con ayunos, éste hay que atemorizarlo con las penas del infierno, ese otro debe ser animado con las dulces promesas de la vida eterna.

Por eso el mismo pastor prudente no exige a todos el mismo rigor, sino que, como un médico sensato, cura las enfermedades de todos proporcionando a cada uno lo que le conviene. En este sentido dice muy bien la Escritura que uno de los bueyes al retozar inclinó un poco el arca (1 Cro 13, 9). El buey que retoza es el hermano indisciplinado e inconstante que, oprimido por la debilidad natural, no soporta el rigor de la disciplina regular. El arca se inclina un poco de su lado porque el superior y pastor misericordioso se coloca bondadosamente junto al que comete faltas por debilidad natural, consciente de que debe manifestarle una ternura fraterna, ya que Cristo ha sufrido por él la pasión (Cf. Rom 14, 15).

Pero Uzá extendió la mano para sostener el arca (1 Cro 13, 10), pues el que carece de ternura fraterna, el que es robusto y está muy seguro de sus propias fuerzas para hacer ayunos, vigilias y trabajos, desprecia al buey que retoza, es decir, al hermano débil e inconstante; no quiere colocarse junto al hermano flojo con ternura fraterna y no tolera que el arca se incline a causa del buey que retoza, sino que se opone con todas sus fuerzas a que el pastor benévolo esté junto al hermano débil. Por eso extiende la mano para sostener el arca, porque se esfuerza con ahínco y trapacería para que el superior reprenda sin misericordia a todos los retozones e inconstantes que cometen faltas, y pretende que lo haga no sólo con reproches, sino también con filípicas, amenazas y bastonazos.

Es lógico que el nombre de Uzá signifique “robusto”, pues quienes carecen de entrañas de misericordia y son recios en el rigor de la disciplina, poseen una fuerza de alma que no es benévola, sino mala, y un celo inicuo con el que hieren, sin discreción ni misericordia, a los hermanos débiles. Por eso mismo, lo que Uzá padeció en el cuerpo, ellos lo padecen en el alma. ¿Qué padeció Uzá? Cuando sostenía el arca, fue sacudido por el Señor e inmediatamente murió ante él (2 S 6, 7; 1 Cro 13, 10). El Señor hiere al que descuida la ternura fraterna. Sí, el Señor hiere mediante esta sentencia que afirma: los poderosos son enérgicamente castigados (Sap 6,6) Tendrá un juicio sin misericordia el que no tuvo misericordia (Sant 2, 13)”[2].





[1] El interés constante de Elredo, como “pastor discretus” (Paris, B.N., Nouv. acq. lat. 294, f.42 r-v), es construir la unidad de su comunidad de Rievaulx mediante un proceso incesante de reconciliación entre los fuertes, “observantes estrictos” con sus presiones y chantajes, y los débiles, con su incesante necesidad de “dispensatio”(Paris, B.N., Nouv. acq. lat. 294, f. 30 v), por el cual establecer entre ellos una circulación continua de comunión.
[2] Elredo de Rievaulx, Sermón para la Solemnidad de Todos los Santos, Paris, B.M., Nouv. acq. lat. 294, f. 108-109 v. Citado por Gaetano Raciti, ocso, “La opción preferencial por los débiles en el modelo comunitario elrediano”, Cistercium 206 (1996) pp. 397- 398. Cfr. Gregorio Magno, Morales sobre Job 5, 11, 24; San Benito, RB LXIV, 7-22; LXXII, 1-12.

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