sábado, 22 de septiembre de 2018

ACATISTOS AL DULCISIMO JESUS (V)


 DULCE JESÚS, REDENTOR Y SEÑOR



K. 5. Con tu sangre derramada, nos has rescatado. Así, Jesús, no nos dejaste prisioneros, esclavos de nuestras pasiones y de la profunda tristeza. Haznos verdaderamente libres, a nosotros que te gritamos[1]: Aleluya.

I.5. Los hijos de tu pueblo han visto, en un cuerpo como el nuestro, a Aquél que con su mano había creado al hombre[2]. Y, habiéndolo reconocido como el Señor[3], buscaban festejarle agitando los ramos y gritando[4]: ¡“Hosanna”! Del mismo modo, nosotros te ofrecemos un himno diciendo[5]:

Jesús, verdadero Dios.

Jesús, Hijo de David.

Jesús, Rey de la gloria[6].

Jesús, Cordero inocente[7].

Jesús, Pastor maravilloso[8].

Jesús, Custodio de mi infancia[9].

Jesús, Consejero de mi juventud[10].

Jesús, alabanza de mi vejez[11].

Jesús, esperanza en la hora de mi muerte[12].

Jesús, vida después de la muerte[13].

Jesús, consolación en la hora misma de mi juicio[14].

Jesús, mi único deseo ábreme la puerta de tu Reino[15].

Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí.



Lucas 19, 29-40.

29 Cuando se acercó a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: 30 «Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo; 31 y si alguien les pregunta: «¿Por qué lo desatan?», respondan: «El Señor lo necesita». 32 Los enviados partieron y encontraron todo como él les había dicho. 33 Cuando desataron el asno, sus dueños les dijeron: «¿Por qué lo desatan?». 34 Y ellos respondieron: «El Señor lo necesita». 35 Luego llevaron el asno adonde estaba Jesús y, poniendo sobre él sus mantos, lo hicieron montar. 36 Mientras él avanzaba, la gente extendía sus mantos sobre el camino. 37 Cuando Jesús se acercaba a la pendiente del monte de los Olivos, todos los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios en alta voz, por todos los milagros que habían visto. 38 Y decían:»¡Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!». 39 Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos». 40 Pero él respondió: «Les aseguro que si ellos callan, gritarán las piedras. Cf. Mateo 21 1-11; Marcos 11, 1-11; Juan 12, 12-18.



  1. Oración completa de glorificación de Dios, acción de gracias, petición de perdón y súplica implorando los magníficos bienes celestiales.
  2. Relación personal del orante con el Señor. Los títulos “bíblicos”: Dios, Hijo de David, Creador, Maestro, Rey, Cordero, Pastor, se enlazan con títulos “existenciales” en relación a las etapas de la vida del orante: Custodio-infancia, Consejero-juventud, Orgullo-ancianidad, Esperanza-muerte, Consuelo-juicio y Deseo-abre la puerta del reino (Cf. Sal 17, 2-4). Súplica: “haznos verdaderamente libres”, sálvanos, rescátanos de las pasiones y de la tristeza. Grito e himno a la vez.
  3. Misterio de Jesucristo: Encarnación (“han visto, en un cuerpo como el nuestro, a Aquél que con su mano había creado al hombre”) y Pascua (“con tu sangre derramada, nos has rescatado”- entrada en Jerusalén). Creación y pecado-maldición (Cf. Gn 4, 10): Serpientes abrazadoras (pasiones: incitaciones, murmuración, letargo, tristeza, Cf. Nm 21, 4-9). Nueva creación y redención-libertad (Cf. Hb 12, 2; Col 1, 20, 1 Pe 1, 19; Ap 5, 9): “Él te aplastará la cabeza…”.
  4. Ícono narrativo de la entrada de Jesús en Jerusalén (Lucas 19, 29-40; Cf. Mateo 21 1-11; Marcos 11, 1-11; Juan 12, 12-18). Alabanza al Rey Mesías. Señor de todo (“El Señor lo necesita”). Mesías humilde y sencillo, paciente y sufriente, justo y bondadoso. Actitud de la gente sencilla llena de alegría, que “habiéndolo reconocido como el Señor” canta “hosanna” y grita sálvanos, y la actitud de las autoridades: “reprende a tus discípulos”.
  5. Textos bíblicos: Génesis 3, 14-15; Números 21, 4-9; Sabiduría 16, 5-13. 

[1] Un día, con tu sangre divina expiaste nuestra merecida maldición, Oh Jesús. Sálvanos del acecho de la serpiente que nos ha enredado con las pasiones terrenas, sálvanos de la lujuria terrestre, sálvanos de la maldad, para que así te podamos cantar (A), Desde antaño nos redimiste de la maldición de la ley por Tu divina sangre derramada, Oh Jesús, de igual manera rescátanos de las asechanzas en las que la serpiente nos ha enredado a través de las pasiones de la carne, incitaciones lujuriosas y un letargo peligroso, mientras clamamos a ti (B).
[2] Al contemplar en forma humana a Quien con su mano creó (formó –B) al hombre (A).
[3] Y comprender que era su Señor (Maestro-B) (A).
[4] Los jóvenes (niños-B) hebreos se apresuraron a rendirle homenaje con ramos (palmas – B) y clamaron (A).
[5] También nosotros te ofrecemos este canto (A).
[6] Rey glorioso (A).
[7] Inmaculado (A).
[8] Ejemplar (A).
[9] Protector de nuestra infancia (A).
[10] Alimento de nuestra juventud (A), Guía (B).
[11] Orgullo de nuestra vejez (A), ancianidad (B).
[12] Esperanza ante la muerte (A), mi Esperanza en la muerte (B).
[13] Mi Vida después de la muerte (B).
[14] Consuelo en el juicio (A), mi Consuelo en Tu juicio (B).
[15] Nuestro deseo, no permitas nuestra vergüenza (A), mi Deseo, no dejes que me avergüence (B).

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