Por Juan Pablo Sánchez Noli (18 fotos)
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domingo, 10 de mayo de 2020
martes, 10 de diciembre de 2019
sábado, 9 de noviembre de 2019
jueves, 26 de septiembre de 2019
sábado, 22 de junio de 2019
BASURA Y CULTURA DEL DESCARTE (UN GRAVE PROBLEMA TAMBIÉN EN NUESTRA ZONA DE EL SIAMBÓN. ¿QUÉ PODEMOS HACER?)
21. Hay que considerar
también la contaminación producida por los residuos, incluyendo los desechos
peligrosos presentes en distintos ambientes. Se producen cientos de millones de
toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos
domiciliarios y comerciales, residuos de demolición, residuos clínicos,
electrónicos e industriales, residuos altamente tóxicos y radioactivos. La
tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de
porquería. En muchos lugares del planeta, los ancianos añoran los paisajes de
otros tiempos, que ahora se ven inundados de basura. Tanto los residuos
industriales como los productos químicos utilizados en las ciudades y en el
agro pueden producir un efecto de bioacumulación en los organismos de los
pobladores de zonas cercanas, que ocurre aun cuando el nivel de presencia de un
elemento tóxico en un lugar sea bajo. Muchas veces se toman medidas sólo cuando
se han producido efectos irreversibles para la salud de las personas.
22. Estos problemas
están íntimamente ligados a la cultura del descarte, que afecta tanto a los
seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en
basura. Advirtamos, por ejemplo, que la mayor parte del papel que se produce se
desperdicia y no se recicla. Nos cuesta reconocer que el funcionamiento de los
ecosistemas naturales es ejemplar: las plantas sintetizan nutrientes que
alimentan a los herbívoros; estos a su vez alimentan a los seres carnívoros,
que proporcionan importantes cantidades de residuos orgánicos, los cuales dan
lugar a una nueva generación de vegetales. En cambio, el sistema industrial, al
final del ciclo de producción y de consumo, no ha desarrollado la capacidad de
absorber y reutilizar residuos y desechos. Todavía no se ha logrado adoptar un
modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las
generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no
renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento,
reutilizar y reciclar. Abordar esta cuestión sería un modo de contrarrestar la
cultura del descarte, que termina afectando al planeta entero, pero observamos
que los avances en este sentido son todavía muy escasos.
Papa Francisco, Laudato si
24 de mayo de 2015.
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sábado, 25 de mayo de 2019
PRIMER ENCUENTRO MONÁSTICO-CONTEMPLATIVO DE TUCUMÁN. EL SIAMBÓN 24 DE MAYO DE 2019
Participantes; Monjas Carmelitas de San Miguel de Tucumán, Monjas Dominicas de Concepción y Monjes Benedictinos de El Siambón.
La Instrucción
La vida fraterna en comunidad, del 2 de febrero de 1994, dice:
“28. No hay que
olvidar, por fin, que la paz y el gozo de estar juntos siguen siendo uno de los
signos del Reino de Dios. La alegría de vivir, aun en medio de las dificultades
del camino humano y espiritual y de las tristezas cotidianas, forma ya parte
del Reino. Esta alegría es fruto del Espíritu y abarca la sencillez de la
existencia, el tejido banal de lo cotidiano. Una fraternidad sin alegría es una
fraternidad que se apaga. Muy pronto sus miembros se verán tentados de buscar
en otra parte lo que no pueden encontrar en su casa. Una fraternidad donde
abunda la alegría es un verdadero don de lo Alto a los hermanos que saben
pedirlo y que saben aceptarse y se comprometen en la vida fraterna confiando en
la acción del Espíritu. Se cumplen, de este modo, las palabras del salmo: ‘Ved
qué delicia y qué hermosura es vivir los hermanos unidos...; ahí el Señor da la
bendición y la vida para siempre’ (Sal
133,1-3), ‘porque, cuando viven juntos fraternalmente, se reúnen en la asamblea
de la Iglesia, se sienten concordes en la caridad y en un solo querer’…”[1].
Y en la Constitución Apostólica Vultum Dei quaerere sobre la vida
contemplativa femenina del 29 de junio de 2016, leemos:
“26. Vosotras,
que habéis abrazado la vida monástica, recordad siempre que los hombres y las
mujeres de nuestro tiempo esperan de vosotras un testimonio de verdadera
comunión fraterna que, en la sociedad marcada por divisiones y desigualdades,
manifiesta con fuerza que es posible y bello vivir juntos (Cf. Sal 133,1), a pesar de las diferencias generacionales, de
formación y, a veces, culturales. Que vuestras comunidades sean signos creíbles
de que estas diferencias enriquecen la vida fraterna, lejos de ser un
impedimento para vivirla. Recordad que unidad y comunión no significan
uniformidad, y que se alimentan del diálogo, del compartir, de la ayuda
recíproca y profunda humanidad, especialmente hacia los miembros más frágiles y
necesitados”[2].
que baja por la barba de Aarón,
3. Es roció del Hermón que va bajando[15]
sobre el monte[16]
Sión,
Porque allí manda[17]
el Señor la bendición:
la vida para siempre.
“Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que eres un solo Dios pero no un
Dios solo; que al crear al hombre a tu imagen y semejanza dijiste que no es
bueno que estuviera solo; que creaste la Iglesia como ‘un pueblo reunido por la
unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (Lumen Gentium, 4); y que eres
la fuente de todo amor, amistad y concordia en la convivencia humana: derrama
sobre nosotros el ungüento precisos de tu unción y el rocío de tu amor, para
que el gozo de la concordia en este mundo nos sea imagen, prenda y estímulo
para avanzar hacia la caridad perfecta, que es la vida para siempre” (H. Raguer, “Salmo 132: La
concordia es don de Dios”, p.131).
[1] Congregación para los Institutos
de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, La Instr. La vida fraterna en comunidad. Congregavit nos in unum Christi amor 28, Paulinas, Bs. As., 1994,
p. 33.
[2] Francisco, Constitución
Apostólica Vultum Dei quaerere sobre
la vida contemplativa femenina 26,
w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_constitutions/documents/papa-francesco_costituzione-ap_20160629_vultum-dei-quaerere.html.
[3] Mirad.
[4] Bueno, paz.
[5] Dulce, deleitoso, grato,
agradable, alegría.
[6] Habitar, estar.
[7] Todos juntos.
[8] Oleo perfumado.
[9] Fino, exquisito, fragante.
[10] Sobre.
[11] Desciende.
[12] Hasta.
[13] Orla, boca.
[14] Vestidura, vestido.
[15] Cae.
[16] Por las alturas, colinas de…
[17] Dispensa, derrama.
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sábado, 29 de diciembre de 2018
LA PALABRA Y EL PESEBRE
Lectura de la carta a los Hebreos
1, 1-6
Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo.
El es el resplandor de su gloria y la impronta de su ser. El sostiene el universo con su Palabra poderosa, y después de realizar la purificación de los pecados, se sentó a la derecha del trono de Dios en lo más alto del cielo. Así llegó a ser tan superior a los ángeles, cuanto incomparablemente mayor que el de ellos es el Nombre que recibió en herencia.
¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy? ¿Y de qué ángel dijo: Yo seré un padre para él y él será para mí un hijo?
Y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios nos dice: Que todos los ángeles de Dios lo adoren.
Palabra de Dios.
Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo.
El es el resplandor de su gloria y la impronta de su ser. El sostiene el universo con su Palabra poderosa, y después de realizar la purificación de los pecados, se sentó a la derecha del trono de Dios en lo más alto del cielo. Así llegó a ser tan superior a los ángeles, cuanto incomparablemente mayor que el de ellos es el Nombre que recibió en herencia.
¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy? ¿Y de qué ángel dijo: Yo seré un padre para él y él será para mí un hijo?
Y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios nos dice: Que todos los ángeles de Dios lo adoren.
Palabra de Dios.
+ Principio del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18
Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan.
Vino como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz,
sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de Él, al declarar:
«Este es aquel del que yo dije:
El que viene después de mí
me ha precedido,
porque existía antes que yo.»
De su plenitud, todos nosotros hemos participado
y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios;
el que lo ha revelado es el Dios Hijo único,
que está en el seno del Padre.
Palabra del Señor.
Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan.
Vino como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz,
sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de Él, al declarar:
«Este es aquel del que yo dije:
El que viene después de mí
me ha precedido,
porque existía antes que yo.»
De su plenitud, todos nosotros hemos participado
y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios;
el que lo ha revelado es el Dios Hijo único,
que está en el seno del Padre.
Palabra del Señor.
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